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		<title>El policial se recicla y visita la Biblioteca Popular Manuel Belgrano de Pinamar</title>
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		<pubDate>Sat, 12 May 2012 00:06:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas varios de literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[El relato policial es la combinación de acción, drama y misterio. Su protagonista es un investigador que lo resuelve usando la razón, puede basarse en la indagación y observación o la deducción y la intuición. Convencionalmente, se considera que el género comienza como tal en el siglo XIX cuando Edgar Allan Poe crea al  detective, Auguste Dupin, a quien vemos en su esplendor en novelas como “El escarabajo de oro”, “La carta robada” o “Los crímenes de la calle Morgue”. Se caracteriza por el suspenso que debe mantenerse durante la trama y porque involucra al lector o espectador para develar el enigma. En sus comienzos, el género no fue aceptado socialmente, por considerarlo de “baja jerarquía” o “menor”, a mediados del siglo XX se lo empieza a revalorizar hasta convertirse en objeto de culto. Hoy seguimos a los escritores y sus investigadores en literatura, cine, historieta y series televisivas. En el policial reconocemos dos variantes. Una es la llamada “escuela inglesa”, de ella proviene la clásica “novela de misterio”, centrada en desentrañar intelectualmente un crimen, no intervienen aspectos sociales y morales, tiene intrigas complejas y muy elaboradas. Los tiempos narrativos discurren lentos, el estilo de los detectives es meditado y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://cristinadaniele.escritoresdepinamar.com/wp-content/uploads/2012/05/biblio-semana-negra.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-762" title="biblio semana negra" src="http://cristinadaniele.escritoresdepinamar.com/wp-content/uploads/2012/05/biblio-semana-negra-204x300.jpg" alt="" width="204" height="300" /></a>El relato policial es la combinación de acción, drama y misterio. Su protagonista es un investigador que lo resuelve usando la razón, puede basarse en la indagación y observación o la deducción y la intuición.</p>
<p>Convencionalmente, se considera que el género comienza como tal en el siglo XIX cuando Edgar Allan Poe crea al  detective, Auguste Dupin, a quien vemos en su esplendor en novelas como<em> “El escarabajo de oro”</em>, “<em>La carta robada” </em>o “<em>Los crímenes de la calle Morgue”</em>. Se caracteriza por el suspenso que debe mantenerse durante la trama y porque involucra al lector o espectador para develar el enigma.</p>
<p>En sus comienzos, el género no fue aceptado socialmente, por considerarlo de “baja jerarquía” o “menor”, a mediados del siglo XX se lo empieza a revalorizar hasta convertirse en objeto de culto. Hoy seguimos a los escritores y sus investigadores en literatura, cine, historieta y series televisivas.</p>
<p>En el policial reconocemos dos variantes. Una es la llamada “escuela inglesa”, de ella proviene la clásica “novela de misterio”, centrada en desentrañar intelectualmente un crimen, no intervienen aspectos sociales y morales, tiene intrigas complejas y muy elaboradas. Los tiempos narrativos discurren lentos, el estilo de los detectives es meditado y tranquilo. Son sumamente sagaces y analíticos, su fuerza es la inteligencia y la observación (esto los vuelve altaneros y despectivos). Plantean un cuestionamiento a la capacidad de la autoridad para descubrir al culpable, pero actúan como colaboradores o asesores. Transcurren, generalmente, en la alta sociedad.</p>
<p>Entre sus representantes están Agatha Christie, Sir Arthur Conan Doyle, Dorothy L. Sayers, Arthur Morrison, Ronald Knox y P. D. James.</p>
<p>La otra variante es la “escuela estadounidense”, de ella surge la “novela negra”. Su originalidad consiste en no excluir las clases bajas y marginales, incorporar la violencia, acelerar el ritmo de la acción. Suelen presentar crímenes donde las debilidades humanas, el racismo, la pobreza o alguna discriminación actúan como causa o motivación para el delito. Sus detectives no dudan en recurrir a las armas y los golpes para conseguir información que les permita obtener pistas, cuestionan al sistema y lo desafían, de allí que  los límites entre el bien y el mal no siempre quedan claros.</p>
<p>Sus fundadores son Dashiell Hammett y Raymond Chandler e innumerables los continuadores. </p>
<p>El detective empezó como burgués, elegante, hábil interrogador y gran observador (Poirot, Sherlock), devino en el duro, solitario, en conflicto con las instituciones, que bucea en los peores lugares, desentrañando motivaciones para la delincuencia (Marlowe, Spade, Echenike).</p>
<p>Con los años, el género ha logrado mezclar las dos escuelas, dando detectives con armas, entrenados para su uso, mientras analizan los datos y observan perfiles y sospechosos (Wallander). Muchos provienen o trabajan en las fuerzas públicas y ciencia forense. Es lo que podemos ver en las nuevas series: Criminal Minds, CSI, La ley  y el orden, Inspector Morse, Prime Suspect, Profiler, por ejemplo.</p>
<p>Los relatos pueden tener al investigador como protagonista, el punto de vista estar en el criminal o en la victima, podemos acompañar el descubrimiento del culpable o la búsqueda de pruebas para incriminarlo,  lo que exponen es la lucha entre el orden y el delito, el delgado límite que los separa y la ilusión de seguridad. La realidad es que el género se recicla continuamente, es así que cuenta en la actualidad con festivales dedicados exclusivamente a este tipo de relato, “Semana Negra de Gijón”, “Semana Negra de Barcelona”, “Getafe Negro, festival de novela policiaca de Madrid”  en España y “Festival Azabache de Literatura Policial y Negra” en Mar del Plata, entre otros.</p>
<p>Semana Negra es la denominación que recibe un festival que actualmente se celebra en Gijón, Principado de Asturias (España), organizado por una empresa privada y con las subvenciones del Ayuntamiento de Gijón y del gobierno del Principado de Asturias, se focaliza en el género literario conocido como “novela negra” y se ha ido ampliando hacia la ciencia ficción, la fantasía y la novela histórica. Incluye actos culturales y diversas actividades como conciertos, terrazas de bares, mercados, atracciones.</p>
<p>Durante la Semana Negra de Gijón, la “Asociación Internacional de Escritores Policíacos” concede el Premio Internacional de Novela “Dashiell Hammett” a la mejor novela policíaca escrita en lengua española. Además, otorga el Premio “Rodolfo Walsh” a la mejor obra policiaca de no ficción escrita en español; el “Espartaco” a la mejor novela histórica; el “Memorial Silverio Cañada” a la mejor primera novela negra publicada en español; el del “Concurso Internacional de Relatos Policíacos” a una obra inédita; y, a partir de 2008, el “Celsius 232” a la mejor novela de fantasía o ciencia ficción.</p>
<p>El Festival Azabache de Literatura Policial y Negra, a realizarse en Mar del Plata, entre el 10 y el 13 de mayo de este año, nuclea escritores de este género que cada año suma mayor cantidad de lectores. En 2012 habrá charlas con autores, encuentros de cortes académicos con especialistas, invitados nacionales e internacionales, música, cine, muestras de artes visuales y recorridos sobre los rastros de los crímenes más resonantes.</p>
<p>Con este espíritu, la Biblioteca Belgrano se encuentra en plena organización de una jornada sobre el tema, el proyecto es realizarla en el mes de mayo.  Los escritores Guillermo Orsi y Laura Massolo (premiados en Gijón), también Fernando López y Lucio Yudicello (editores de la colección “Tinta roja” de la Eduvim, Editorial Universitaria de Villa María, Córdoba) han prometido su asistencia.</p>
<p>Como vemos, un género que se resiste al estancamiento y una Biblioteca que no para de crecer y acercarnos esta oportunidad para dialogar y escuchar a los especialistas.</p>
<p> La cita es el 14 de mayo a las 19 horas. No se lo pierdan.</p>
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		<title>Merry Christmas!</title>
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		<pubDate>Tue, 01 May 2012 08:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[La historia empezó aquella noche, cuando vi en la cama de mamá y papá unos muñecos. Tres horribles muñecos de trapo. Lo recuerdo como si fuera hoy. No sé por qué mantenían erguidas las cabezas mal pintadas como de payaso o marioneta, me miraban todos a la vez y no pude llamar a nadie pidiendo auxilio, esperaba que mis padres volvieran, pero no, la casa permanecía en un silencio infinito que no era roto siquiera por el tránsito de la calle. Tampoco había nadie afuera. En ese momento recordé a mi hermano, él debería estar durmiendo en su cuna celeste tan llena de esos estúpidos volados –al costado de la cama, desde luego del lado de mamá–. Me acerqué a verlo pero no estaba, seguro se lo habían llevado sin decirme nada. Lo hacían siempre, según ellos yo lloraba porque a mí me dejaban sola. Los ojos de ellos, de los muñecos digo, seguían mis movimientos, me taladraban, podían ver a través de mí y también dentro de mí. Ellos veían y a mi no me gustaba. No quería seguir allí pero tampoco lograba irme, esas miradas me paralizaban hasta la voz. Quizá hayan pasado horas o años no sé, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright" src="http://3.bp.blogspot.com/-fzNdiX2fu0c/Tu4eSAPq6gI/AAAAAAAABgw/E4bmLN1Xxrk/s1600/arbol-de-navidad.jpg" alt="" width="104" height="78" />La historia empezó aquella noche, cuando vi en la cama de mamá y papá unos muñecos. Tres horribles muñecos de trapo. Lo recuerdo como si fuera hoy. No sé por qué mantenían erguidas las cabezas mal pintadas como de payaso o marioneta, me miraban todos a la vez y no pude llamar a nadie pidiendo auxilio, esperaba que mis padres volvieran, pero no, la casa permanecía en un silencio infinito que no era roto siquiera por el tránsito de la calle. Tampoco había nadie afuera.</p>
<p>En ese momento recordé a mi hermano, él debería estar durmiendo en su cuna celeste tan llena de esos estúpidos volados –al costado de la cama, desde luego del lado de mamá–. Me acerqué a verlo pero no estaba, seguro se lo habían llevado sin decirme nada. Lo hacían siempre, según ellos yo lloraba porque a mí me dejaban sola.</p>
<p>Los ojos de ellos, de los muñecos digo, seguían mis movimientos, me taladraban, podían ver a través de mí y <img class="alignleft" src="http://4.bp.blogspot.com/_JETHeAcPApo/RcBWXmAzPXI/AAAAAAAAAB4/jBgVg-o81Wk/s320/silence_217.jpg" alt="" width="66" height="92" />también dentro de mí. Ellos veían y a mi no me gustaba. No quería seguir allí pero tampoco lograba irme, esas miradas me paralizaban hasta la voz. Quizá hayan pasado horas o años no sé, hasta que llegó mi abuela, ella logró salvarme. Me sacudió muy pero muy fuerte, claro que la pobre no entendía nada de lo que intenté explicarle. Se empecinó en decir que solamente fue un mal sueño o mi imaginación que mejor tranquilizara, que ya había pasado.</p>
<p>Poco tiempo después me mandaron a estudiar a un colegio internado en Coronel Pringles, por suerte allí hice muchas amigas, en especial de Lucy. Estábamos siempre juntas incluso durante las vacaciones –casi siempre me llevaba con ella y su familia–. A mi casa volví pocas veces, una vez para el cumpleaños de mi mamá y otras para los velorios de mis abuelos. De eso hace más de tres años.</p>
<p>Al preparar mi regreso poco antes de que me graduara, Lucy y otras amigas decían que yo estaba rara y que había perdido la risa, incluso me daba cuenta que comentaban a mis espaldas entre ellas. No sé, lo único cierto era la inminencia del retorno. Y parecía una condena.</p>
<p>Lucy nos contó que leyó, en un diario viejo, sobre una ola de asaltos en mi pueblo, atacaban a mujeres jóvenes, los rumores hablaban de tres sujetos encapuchados vestidos con sacos negros raídos como si pertenecieran a una secta. Quizá por eso también me costó tanto tanto separarme de Lucy aunque prometimos encontrarnos para febrero en su casa. Por las dudas, en el viaje de regreso aproveché la parada de Olavarría para visitar ese negocio tan famoso y comprar un revolver chico, fácil de manejar y esconder.</p>
<p><img class="alignleft" src="http://images.wikia.com/fallout/images/0/09/MysteriousMagnum.png" alt="" width="122" height="69" />Desde el momento en que ingresé al comercio tuve cierto deleite con la idea del arma en mis manos, no había muchas personas pero cada una permanecía detenida ante alguna vitrina, reconcentrada en los propios pensamientos. Sé que las armas son para matar pero parecían de juguete, imposible pensar que pudieran disparase por sí mismos sin la intervención de nadie. Le pregunté al vendedor qué me aconsejaba llevar, él me indicó una serie de inconvenientes que nunca sospeché, el primero fue que debía verificar mis datos. Luego, establecer un domicilio definitivo a efectos de obtener una autorización policial. Salí del paso con la dirección de mi tía Herminia que siempre vivió en las afueras de Laprida. El verdadero problema se me presentó ante la variedad de armas existentes y mi desconocimiento para elegir la más apropiada. Prefería llevarme un magnum 44/40 que me pareció hermoso y armónico pero el vendedor opinaba que era demasiado peligro para quien no fuera un experto, llegó a decir que podría lastimarme si la usaba mal. Tras una pequeña recorrida por las vitrinas más cercanas resolví que me gustaba lo que creí un revolver, ingrant 9mm rezaba el cartel, resultó ser una ametralladora y se negó a vendérmela. Por la sorpresa quedé un poco cohibida, él me decía cosas que no escuchaba sino intermitentemente. Imposible quitarle los ojos de encima, quién la había creado, cómo era tan perfecta.</p>
<p>– Señorita, señorita, usted es inexperta. Más apropiado sería que se llevara un revolver calibre 22, los hay muy buenos, son sumamente eficaces y no presentan mayores riesgos en el manejo. Eso sí, debe cuidarlo y mantenerlo limpio. Si Ud. quiere, pasa uno de estos días por la mañana y mi socio le enseña cómo hacerlo, porque hay que desarmarlo íntegramente, ¿sabe? Y usar una solución de aceite y kerosén para cepillarlos pieza por pieza. – Decía eso mientras me mostraba algunas.</p>
<p>Ante argumentos tan contundentes y el aturdimiento que me estaba provocando no pude menos que aceptar. Había una con mango de madera.</p>
<p>– “Cacha de madera”, – me corrigió. La llevé por eso y partí rápido, no quería perder el ómnibus. Sería la primera Nochebuena en familia después de mucho tiempo.</p>
<p><img class="alignright" src="http://www.imagenespedia.com/imagenes/arbol-de-navidad-1.jpg" alt="" width="108" height="86" />El pueblito estaba igual, parecía que no pasó el tiempo, las mismas casas, la gente con los preparativos para las fiestas y ese calor pesado y abrumador que no deja respirar. De inmediato sentí un aletargamiento casi soporífero, me costaba pensar, moverme y transportar las valijas –siempre igual, nadie, pero nadie nadie, fue a esperarme –.</p>
<p>Recorrí el trayecto hasta la casa con tranquilidad y, si bien anochecía, no temí ningún asalto, cada tanto descansé en los bancos del bulevar. Es increíble pero me había olvidado de las palmeras, se veían preciosas. Nunca supe de dónde las trajeron, mi abuelo decía que ya estaban cuando él era chico. También le gustaban. Por eso se compró la tumba debajo de una, la única que había en el cementerio, aprovechó la oportunidad al desocuparse una porque nadie pagaba la renovación. Me llevó con él cuando fue a verla, en ese momento sacaban tres cajones con mucha dificultad. Una imagen que recuerdo perfecto. Uno de los sepultureros dijo que los llevaban a una especie de tumba colectiva pero, al irnos, mi abuelo me contó la verdad, parece son tantos que no hay sitio donde guardarlos, entonces los queman –a los cadáveres digo–, y después restauran los cajones para venderlos otra vez como si fueran nuevos.</p>
<p>La cosa es que se hacía tarde, así que retomé la marcha, apuré el paso porque los mosquitos me estaban matando y con una valija en cada mano no podía defenderme. Me sorprendió no ver ninguna luz prendida en el frente de la casa, dí la vuelta por el costado para entrar por atrás pero el interior también estaba a oscuras. Parecía que no había nadie. Ya que tendría que esperar afuera, saqué el revolver. Después de cargarlo con las seis balas, me fui a recorrer el parquecito de la otra cuadra.</p>
<p>Los rosales siempre tan perfectos y cuidados fueron históricamente el orgullo del pueblo, uno de mis placeres preferidos desde siempre era ir a verlos, pasaba varias veces y los contemplaba desde diferentes ángulos con detenimiento, nada me apuraba. Al terminar la tercera vuelta por el parque elegía los pimpollos abiertos a medias, nueve pimpollos, juntaba los pétalos en la fuente del ángel –esa que está al lado de la estatua de San Martín–, y los prendía fuego. Esta vez hice lo que siempre pero, al llegar al paso final, tuve el presentimiento de que algo malo estaba por ocurrir cuando me dí cuenta que no tenía fósforos ni encendedor ni nada para completar la tarea.</p>
<p>Volví a la casa –confieso que confundida y preocupada–, salvo las luces del arbolito de navidad, todavía seguía a oscuras pero ahora tenía las puertas abiertas, entré con determinación a pesar de los presagios. Fui al comedor sin dudarlo como también sin dudarlo disparé contra los muñecos apenas los vi. <img class="alignleft" src="http://1.bp.blogspot.com/_kDyPs76Q-V8/RqTJeaQlksI/AAAAAAAAFRg/cLBKeUjv0pA/s400/868271670_011ad9d875.jpg" alt="" width="87" height="115" />Por eso le digo, señor comisario, que creo haber cumplido con mi deber. Seguro esos muñecos tomaron la casa cumpliendo algún viejo plan. Es evidente que mi vuelta está predestinada para poner las cosas en orden. También es evidente que los muñecos son los tres delincuentes que cuentan en los periódicos. De ninguna manera pienso aceptar ese complot que me hace responsable de la muerte de mis padres y hermano. Usted debe atar los cabos sueltos, habla muy mal de su capacidad profesional si no puede resolver este asunto con justicia.</p>
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		<title>Por su propio bien</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Apr 2012 15:07:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi querida: muy sorprendida ante los comentarios que me hizo Raúl, resuelvo escribirte ahora, apenas él se ha ido. Según Raúl, vos decís que si voy al centro no deje de visitarte. ¿Ir yo al centro? ¿Es que él no te contó? Es necesario que sepas que no soy dueña de tomarme unas horas de descanso, salgo nada más que para hacer las compras del día, unas pocas cuadras y a volver lo antes posible. La situación que me toca vivir empezó en marzo del año pasado, después de las vacaciones. Elsa, mi suegra, seguro te acordás de ella, a cada rato se quejaba por los dolores de estómago. Al principio, el médico le restó importancia, hasta junio, cuando empezó a vomitar sangre. Le hizo entonces una serie de estudios largos y penosos; la pobre vieja no paraba de sufrir, por la desconocida enfermedad pero también por los recursos de una ciencia que no contemplaba su orgullo. “Venga”, “vaya”, “desvístase”. Durante cinco meses sólo le dieron órdenes, hasta que lograron descubrir de qué se trataba. Elsa se aferraba más  y más al deseo de vivir. A pesar de todo. ¿Te das cuenta qué insólito? No puedo dejar de preguntarme si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi querida: muy sorprendida ante los comentarios que me hizo Raúl, resuelvo escribirte ahora, apenas él se ha ido.<img class="alignleft" src="http://personales.mundivia.es/fidalgo/cartas.jpg" alt="" width="112" height="126" /></p>
<p>Según Raúl, vos decís que si voy al centro no deje de visitarte. ¿Ir yo al centro? ¿Es que él no te contó? Es necesario que sepas que no soy dueña de tomarme unas horas de descanso, salgo nada más que para hacer las compras del día, unas pocas cuadras y a volver lo antes posible.</p>
<p>La situación que me toca vivir empezó en marzo del año pasado, después de las vacaciones. Elsa, mi suegra, seguro te acordás de ella, a cada rato se quejaba por los dolores de estómago. Al principio, el médico le restó importancia, hasta junio, cuando empezó a vomitar sangre. Le hizo entonces una serie de estudios largos y penosos; la pobre vieja no paraba de sufrir, por la desconocida enfermedad pero también por los recursos de una ciencia que no contemplaba su orgullo. “Venga”, “vaya”, “desvístase”. Durante cinco meses sólo le dieron órdenes, hasta que lograron descubrir de qué se trataba.</p>
<p><img class="alignleft" src="http://4.bp.blogspot.com/_j81aCbuPoSA/SLxCjQ60ePI/AAAAAAAAACI/r-kwbU3ZZps/s400/Muerte+en+la+habitaci%C3%B3n.jpg" alt="" width="115" height="103" />Elsa se aferraba más  y más al deseo de vivir. A pesar de todo. ¿Te das cuenta qué insólito? No puedo dejar de preguntarme si yo haré lo mismo. Cuando yo era chica pensaba que sería mejor morir con dignidad antes que volverme vieja y fea. Parece que pasan los años y una se acostumbra al cuerpo deteriorado, entonces se lo quiere igual.</p>
<p>Bueno, perdoname, hace tanto que no puedo desahogarme con nadie que me distraigo. Te decía que después de varios meses de usarla para probar técnicas nuevas, los médicos le diagnosticaron cáncer. Ella no lo sabe, por supuesto.  Estuvo un año con un tratamiento que la mantenía igual, sin avances ni retrocesos; por lo menos dejó de quejarse tanto por los dolores. Así hasta que los médicos resolvieron darle rayos. Esto la hizo caer. De pronto parecía tan viejita que me enterneció, llegué a olvidar que me llamaba por el nombre de otra. La hubieras visto, no quedaba casi nada de la mujer que llegó a ser.</p>
<p>En eso le escribió a la hija diciéndole que se sentía desamparada y con un susto atroz. La hija vino después de varios pedidos. Nunca se había preocupado por la madre, no sé por qué iba a empezar a hacerlo justo en el momento en que daba más trabajo. Llegó un sábado para quedarse hasta el domingo, no disponía de más tiempo. Al volver de la feria me di cuenta que habían discutido, Elsa lloraba mientras la hija daba vueltas por la casa sin ton ni son. Había venido para informarle que no podía ocuparse de ella, le dijo que no la llenara de acusaciones, que haría lo que estuviese a su alcance pero no la llevaría a su casa.</p>
<p>No te equivocás si supones que ese encuentro fue muy perjudicial para la salud de Elsa. Se desmoronó con una velocidad espeluznante, hace seis meses está en cama, no tiene fuerzas para llegar hasta el baño o comer solita. Desde entonces vivo para atenderla, ya no soy dueña de ir al cine o pasear. Comprenderás que no puedo pedirle a una vecina la cuide para que yo salga. Tampoco mirar televisión o leer. La pobre se queja, a veces por dolores, otras porque se siente sola y abandonada. Hay momentos en que llama a sus muertos, dice estar en permanente contacto con ellos, que pronto vendrán a buscarla. A mí me da miedo, no sé si delira por la fiebre o se volvió loca; por las dudas no quiero dejar de pensar que puede ser cierto. Sólo por este motivo empecé a frecuentar un grupo de gente que me ayuda con sus oraciones. Ellos son de otra religión, si bien creen en Jesús y en Maria, tienen otras vírgenes. Me regalaron estampitas y unas velas que prendo por las tardes. Vos vieras cómo me tranquilizan, me dan algo de paz y sosiego. Ayer le sacaron a Elsa una fotografía de cuerpo entero para ayudarla desde su templo. Yo la preparé bien linda con el camisón blanco de mi noche de bodas y la mantilla que me regalaste para los quince, ¿te acordás qué buenas amigas éramos? No nos despegábamos nunca. Extraño los días felices. Yo tenía tantas ilusiones…<img class="alignright" src="http://www.blogmuebles.com/files/uploads/ideas-sencillas-para-navidad-velas-y-granos-2.jpg" alt="" width="90" height="90" /></p>
<p>En fin, ese tiempo pasó. Te contaba de la hija. Después de ese día no volvió más, mandó dos veces al marido para averiguar cómo seguía Elsa y traer dinero. Estoy resuelta a tomar cartas en el asunto, en cualquier momento le escribo para decirle lo que se merece. Vos sabés que estos tratamientos son muy caros y no hay obra social que valga, más si tenemos en cuenta que se los hacen en casa, yo no puedo transportarla al hospital. El otro hijo vive en La Pampa, creo. En realidad no tengo la dirección, así que mal podría escribirle. Como una tonta no le pregunté a la hija el día que vino y entre los papeles de Elsa no encuentro nada. De Raúl no hace falta que te cuente cómo es, vos lo conocés como yo, ¿cuántos años pasó con cada una? Perdí la cuenta.</p>
<p>Elsa no nombra a los hijos, a ninguno, parece que los hubiera borrado o que volvió para atrás. Es tan notorio su retroceso que debo hacer grandes esfuerzos para entender qué dice, habla en su idioma natal y de gente que no conocí, de sus padres y más que nada, de un novio que tuvo y murió en un extraño accidente. Parece que él salió de Italia antes que ella para buscar trabajo y, una vez asentado, la mandaría llamar. Pero nunca llegó a destino ni se recibieron noticias suyas.</p>
<p>Supo de la muerte varios años después, por un paisano que dijo haber presenciado el momento en que el pretendiente se cayó del barco. Me contó la historia tantas veces que me la sé de memoria. Primero me agarra fuerte de las manos, después me repite la misma historia una y otra vez. La esperanza y el dolor de la despedida y, en especial, la inútil espera, tan inútil que vuelve a llorar cada vez como si le pasara ahora. Creo que no lo sabe nadie, ni los hijos, es lo que más me conmueve, que estemos tan unidas. ¿Te acordás al principio, cuando me hacía la guerra para que no entrara en su familia? No puedo olvidar cuánto me ayudaste entonces. Por eso te pido que no me abandones en este momento difícil. No dejes de escribirme. Seguramente vos podrás mandarme noticias lindas y divertidas como las que debería tener una carta. Espero que me perdones por no ser portadora de ninguna alegría pero mi vida está llena de dolor.</p>
<p>*********</p>
<p>Debí interrumpir por varios motivos,  pero estoy resuelta a continuar con esta carta hasta que encuentre alguien que vaya al correo.</p>
<p>Esta semana vinieron mis amigos del templo con la foto de cuerpo entero que le habían sacado la otra vez, fue increíble ver la transformación producida en Elsa desde el momento en que la fotografiaron, mi hermoso camisón, ahora ajado y maltrecho, parece una burla del tiempo. Para colmo lo manchó con el puré de zanahorias. ¡Yo lo había cuidado tanto! Era mi tesoro. A esta mujer no se le puede prestar ninguna cosa. No voy a contarte sobre la mantilla que me regalaste para los quince así no te enojás. Tendrías que haberlo visto. A mí me pasó completamente desapercibido. Claro, atendiéndola todo el día, pendiente de cada detalle es imposible percibir los cambios. No. No tendría que habérselo dejado. Debí ponerle algunos de sus camisones descoloridos, total arruina cualquier cosa que tenga cerca. No aprecia nada. Tengo tanta tristeza. ¿Cómo puede ser tan desagradecida con la única persona que no la tira por ahí? Pero la gente es así, nadie reconoce los sacrificios que una hace por ellos, se meten a juzgar. A juzgar qué digo yo, las cosas que ocultarán. Sin ir más lejos mirala a Elsa, siempre mandándose la parte de ser tan santita, “el marido debe ser uno solo y para siempre”, andá a saber qué cosas pasaron con el novio ese para que todavía lo llore. Hipócrita. “Mi marido y yo somos uno solo”, “al marido hay que cuidarlo si no se lo lleva otra”, el pobre viejo murió sin saber que fue un carnudo. Mosquita muerta, estaba con uno pensando en el otro. O en otros. ¿Cómo saber lo que no cuenta?</p>
<p>Disculpame la bronca pero a quién se lo voy a decir si no es a vos, mi amiga de la juventud. Te contaba que vinieron con la fotografía de cuerpo entero para llevar a cabo un ritual. Prendieron inciensos, cantaron y después rezamos, esto me consoló mucho, por las pérdidas materiales pero también  por los grandes sacrificios que debo hacer y nadie me reconoce ni recompensa. ¿Vos pensás que alguno de los hijos me agradece algo por lo que hago? Trajeron, mis amigos de la iglesia, unas cintas de colores, ataron algunas en la cama con lindos moños y otras alrededor de la foto. Ellos dicen que así el alma está en las dos partes, van a poner la fotografía encintada en el altar mayor de su templo ¿ves qué deferencia?, cada día hay que prender una vela del color de cada cinta, una en el cuarto, otra en el altar. Así la ayuda es doble, Ellos son tan buenos conmigo, me alientan y dan fuerzas para que no caiga yo. Por momentos pienso que no seré capaz de dar un paso más.</p>
<p>Tan cansada estoy ¿y para qué? Ni siquiera Raúl reconoce lo que yo hago. Cuando viene me tira unos pesos como de lástima. Desprecia hasta el mate que le ofrezco. Seguro que a vos no te hace lo mismo.</p>
<p>Si no fuera por ellos, por mis amigos y su ayuda no sé que haría en esta situación. Y menos mal que estás vos para “escucharme” aunque sea a la distancia. Se que no dejarás de pensar en mí y en los años que fuimos inseparables. ¡Cuántas cosas nos unían! Siempre me acuerdo de aquella vez que quisimos ratearnos del colegio y nos descubrió la celadora. La única oportunidad en que lo intentamos, qué mala suerte, seguro que te la contagié yo a vos. El tiempo nos ha mostrado quién tiene buena estrella y quién no. Pero así es la vida y no hay que amargarse. ¿Seguís con el mismo trabajo y siempre tan moderna para vestir? Contame cosas de tu vida.</p>
<p>**********</p>
<p>Pobre Elsa, tuvo una recaída terrible, hace dos días que no come nada, el médico viene a verla cada diez o doce horas y le sacan sangre para estudios.</p>
<p>Hoy vino la hija, le trajo camisones y unas pantuflas haciendo juego. Vieras la cara de sorpresa que puso cuando le vio, como si nunca hubiese creído que la madre estaba enferma y  podría morir. Se quedó casi toda la tarde, permaneció sentada en la cocina, sin hablar. Después estuvo un rato en la pieza, nos dio un beso a cada una y se fue. Ni siquiera habló con el médico. Pobre Elsa, me da tanta pena.</p>
<p>Mis amigos opinan que no hay nada más por hacerse, sólo ayudarla a liberar el alma. Estamos abocados a la tarea de hacerle confesar sus pecados y que se arrepienta antes de que sea demasiado tarde. Ella es tozuda, vos bien lo sabés, y nos está dando mucho trabajo convencerla. Nunca me pidió perdón. Tampoco me dio las gracias. Ya sé que está mal, pero me irrita. Ayer sin ir más lejos la agarré de los hombros y la sacudí para ver si entraba en razones. Pero nada. Ni siquiera puso resistencia, dejaba ir la cabeza hacia un lado y el otro. Es muy caprichosa, ellos dicen que debo ser paciente. Un poco más. Parece que en estos trances la gente tiene momentos de lucidez, una especie de comprensión a otro nivel. No es que me importe su reconocimiento pero tiene que partir sin culpas. Vos me entendés, lo que hago es por ella, para que pueda descansar en paz.</p>
<p>Tu amiga de siempre se despide por un rato, aprovecho a una vecina que va al correo. Sólo te pido que me escribas.<img class="alignright" src="http://www.bdp.org.ar/facultad/catedras/comsoc/redaccion1/mayol/cartas.gif" alt="" width="103" height="98" /> Un beso grande de quien más te quiere en el mundo. Recordalo, eso y que no sé guardar rencores.</p>
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		<title>R.I.P.</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Apr 2012 12:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[El día cinco de cada mes se produce indefectiblemente el mismo alboroto. Todos apurados por subir hasta la oficina de personal y ser los primeros en la cola para cobrar, quizá temiendo que los fondos se acaben o los roben o vaya a saber qué. Subir desde ese segundo subsuelo hasta el tercer piso, pelear por el ascensor, protestar contra la gente de maestranza y, a la vez, sacar cuentas hasta el cansancio para llegar siempre a la misma conclusión: la plata no alcanza. Ajustar el presupuesto, sacar cuentas otra vez, cada uno reconcentrado en su máquina de calcular, fijos los ojos en las tiras de papel blanco, como si ellas tuvieran la respuesta o fuera suya la culpa. Siempre igual, nada ha cambiado en los últimos treinta años, pasó gente que nunca volvimos a ver, reemplazada por otros personajes llamados a ocupar el rol vacante en el viejo ritual. Pieza por pieza el rompecabezas se mantiene intacto. Durante los primeros años ahorraba para viajar a Europa, siempre soñé con estudiar en Italia. Subía al tercero haciendo mi propio balance. En un cuaderno cuadriculado preparé varias columnas donde anotaba con minuciosidad, cuánto disponía para cada gasto a la derecha, dividí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.arqhys.com/construcciones/imagenes/Muebles%20para%20oficinas.jpg" alt="" width="124" height="91" />El día cinco de cada mes se produce indefectiblemente el mismo alboroto. Todos apurados por subir hasta la oficina de personal y ser los primeros en la cola para cobrar, quizá temiendo que los fondos se acaben o los roben o vaya a saber qué. Subir desde ese segundo subsuelo hasta el tercer piso, pelear por el ascensor, protestar contra la gente de maestranza y, a la vez, sacar cuentas hasta el cansancio para llegar siempre a la misma conclusión: la plata no alcanza. Ajustar el presupuesto, sacar cuentas otra vez, cada uno reconcentrado en su máquina de calcular, fijos los ojos en las tiras de papel blanco, como si ellas tuvieran la respuesta o fuera suya la culpa. Siempre igual, nada ha cambiado en los últimos treinta años, pasó gente que nunca volvimos a ver, reemplazada por otros personajes llamados a ocupar el rol vacante en el viejo ritual. Pieza por pieza el rompecabezas se mantiene intacto.</p>
<p>Durante los primeros años ahorraba para viajar a Europa, siempre soñé con estudiar en Italia. Subía al tercero haciendo mi propio balance. En un cuaderno cuadriculado preparé varias columnas donde anotaba con minuciosidad, cuánto disponía para cada gasto a la derecha, dividí la hoja en cuatro columnas una para cada ítem, alquiler, transporte, comidas y gastos para la casa, ropa,  libros, después sumaba. En el lado izquierdo anotaba lo que había cobrado. El saldo, es decir la diferencia que me quedaba entre la derecha y la izquierda, era lo que depositaba en una caja de ahorro que abrí a medias con mi novio Federico, en el banco.</p>
<p>Todos estos años la misma secuencia, subir desde el segundo subsuelo a la planta baja, allí pedir que me prepararan los papeles, seguir camino al tercer piso. A la vuelta dejar el dinero, retirar la boleta sellada y el nuevo saldo. Así junté unos pesos pero no tanto como me hubiera gustado. Claro que Federico no aportaba, sólo la nominación era a medias, por cualquier cosa que pudiera ocurrirme.</p>
<p><img class="alignleft" src="http://img.colorearjunior.com/oficinista-o-administrati_4b9e136a629ea-p.gif" alt="" width="81" height="102" />Al cumplir veinticinco años comprendí que ya no estudiaría en ningún lado y mucho menos escultura en Florencia pero mantuve la esperanza de los viajes, tal vez una linda luna de miel. En barco. Con Federico podríamos recorrer los mares del Norte o la India, empaparnos de otras culturas.</p>
<p>En una ocasión, al cumplir los treinta años, Federico entró al banco, traía envuelto en papel laminado, un regalo para mí. Aun cuando parecía pequeño, me emocioné mucho, recuerdo como si fuera hoy su enojo cuando mis lágrimas mojaron su traje nuevo. Me emocioné decía, y no sólo porque era la primera vez que ocurría una cosa igual sino que además supuse que eran las alianzas.</p>
<p>Mis ahorros se acumulaban lento a pesar de que gastaba lo menos posible. Por eso dejé el departamento y me mudé a una habitación en casa de familia cerca del banco, de este modo logré pagar menos de la mitad por el alquiler y evitar el gasto en los ómnibus. Ya no esperaba hacer un viaje espectacular pero sí tener un hermoso vestido de novia, con tules y encajes y una larga, larguísima cola que llevarían tres o cuatro niños vestidos iguales. Entre varias compañeras comprábamos las revistas especializadas en el tema donde aparecen muchos y variados modelos. Cada mes a la hora del almuerzo, una elegía el que más le gustaba y juntas pensábamos en el presupuesto, el maquillaje y los peinados que combinarían mejor según el caso.</p>
<p>Pero Federico me trajo una colonia de jazmín, esos frascos redondos y pequeños que se venden en Constitución. Después me invitó a pasear, caminamos por Rivadavia hasta José María Moreno sin apuro, miramos vidrieras. Estaba tan diferente, era desusual que me dedicara todo ese tiempo.</p>
<p>Para el gasto en revistas éramos cinco compañeras así resultaba poco considerable en los números finales, cada mes las compraba una y las hacíamos circular dividiendo los días en partes iguales hasta llegar a fin de mes. Desde ese momento, durante cuatro almuerzos a razón de uno por semana, transcurrían nuestros intercambios de ideas y opiniones en ese proyecto común. Siempre nos quedaban grandes expectativas sobre el próximo número de la revista que compraríamos el día siguiente del próximo cobro.</p>
<p><img class="alignleft" src="http://i205.photobucket.com/albums/bb222/oneiros232/08secretaria.jpg" alt="" width="95" height="71" />Desde jovencita Marisa usa escotes muy pronunciados, nos conocimos en el banco llenando la solicitud de ingreso, en ese momento ella era dos años más que yo aunque ahora diga que tiene tres menos. A pesar de unos cuantos kilos de más, lleva las polleras bien ajustadas, tanto como para que se le marquen los elásticos de la ropa interior. Al subir las escaleras – siempre evitó el uso del ascensor – quedan los hombres del piso con los ojos fijos en esa pollera. Igual que en el escote cada vez que se agacha para levantar el lápiz que se le cae con una frecuencia inusitada.</p>
<p>Así pasó el tiempo, sin darme cuenta me salieron las primeras arrugas, quizá si hubiera tenido la precaución de usar algunas cremas, cruzarme en el espejo con esa cara no me habría causado tanta impresión. Con las manos fue otra cosa, no las ví antes, tal vez porque al llenar los formularios solamente miro el papel y el avance de las líneas, nunca desvío la mirada.</p>
<p>La segunda vez que Federico entró al banco fue para mi cumpleaños número cuarenta y cinco, me trajo de regalo una chalina del tipo hindú y la mala noticia de un viaje que no esperaba pero que debía realizar en forma inmediata. Se iría en tres horas a su provincia porque estaba excesivamente delicada de salud, la madre. Si bien quise acompañarlo a la Terminal de ómnibus no me lo permitió. A él no le gustaban las despedidas y se iba por unos pocos días, hasta que ocurriera el fatal desenlace.</p>
<p>Por esa época Marisa se mudó a una pensión, de modo que la ayudé a armar las valijas y realizar el transporte de las cosas. Del grupo, solamente Clara vivía en una casa con la madre; Raquel y Alicia compartían el alquiler de un departamento de dos ambientes en la avenida San Juan al mil quinientos.</p>
<p>Aunque mis ahorros mejoraban &#8211; gastaba realmente poco y me mantenía muy atenta a reducir mis costos en lo que fuera &#8211; nunca crecían lo suficiente, por eso resolví ir comprando los géneros necesarios para el vestido, al turco que nos permite pagar a plazos.</p>
<p>El viaje de Federico se prolongó más de lo previsto pero me escribía regularmente todas las semanas. Clara atravesaba por una situación similar, la madre quedó postrada después de haberse fracturado la cadera y aunque tenía algunos períodos buenos, pasaba por otros que la hacían faltar al banco para dedicarse a cuidarla. Le preparaba comidas especiales que le daba en la boca, llegó a cambiarle las sábanas hasta dos y tres veces por día. Fuimos juntas a lo del turco, ella para comprar ropa de cama y yo para llevar mis primeros metros de satén y organza.</p>
<p>Sacar el plan de pagos no fue nada difícil, todo el cuarto subsuelo le compraba a él. Nos abrió una ficha a cada una con el nombre completo y los domicilios laboral y particular. Después anotó minuciosamente los productos que llevábamos, la fecha y el importe. Dijo que él en persona se ocupaba de cobrar las cuotas y que pasaría los días seis por el banco en las primeras horas de la mañana.</p>
<p>Al empezar el invierno recibí una carta de Federico con noticias muy desalentadoras sobre la salud de la madre. Me pedía que la mandara un pulóver azul y algo de dinero. Iba a necesitar mucha plata para hacerle algún tipo extraño de operación y conseguir dadores de sangre.</p>
<p>Lo primero no fue complicado, deshice uno mío que casi no usaba y le tejí  a él con un punto rápido una linda polera en dos días, además saqué una lana semigorda a pagar en lo del turco y en otros tres días le preparé un cardigan bien abrigado. El otro pedido era difícil. La sola idea de bajar la cuenta me dolía tanto como si me pidiera el brazo derecho. No quería. Tampoco se puede ser tan egoísta, me acuerdo que pensé. Preferí no comentarlo con las chicas.</p>
<p>Alicia y Raquel se fueron de vacaciones a las Cataratas, habían ahorrado para una excursión y decidieron aprovecharlo antes del frío fuerte. Se decía que el invierno vendría muy crudo. Ellas vivían bien, juntas prorrateaban los gastos. Claro que en el banco había rumores pero se dicen tantas cosas sobre todo el mundo que nunca se puede saber con certeza.</p>
<p>Jamás dudé del amor de Federico, no sólo porque me lo dijera, yo lo sentía así aunque no hubiera hecho mucho por complacerme o saber sobre mis expectativas. Le mandé tres pulóveres, los dos tejidos por mí y uno que me ofreció el turco cuando vino a cobrar la primera cuota. El giro se lo hice por el mismo banco a la sucursal de un pueblo vecino al suyo.</p>
<p>A mediados de julio después de varios días de frío intenso y lluvias agobiantes murió la madre de Clara. Por supuesto que fui al velorio. Con Marisa la acompañamos por la noche, tenían una familia muy pequeña y pocos conocidos. Pasadas las once nos quedamos solitas. Clara no paraba de llorar, cada tanto la obligábamos a tomar té. No pude entender ese sufrimiento desmesurado, ella sabía que el desenlace era irremediable después de meses de agonía. Por otra parte, hizo cuanto pudo. O más. No cabía la posibilidad de que nadie la criticara.</p>
<p>En ese momento sentí que algo pasaba. Algo desusual digo. Ví a Clara al lado del ataúd, ya no lloraba, miraba fijamente a la muerta, la mantenía agarrada de las manos sin dejar de mirarla. Marisa caminaba hacia mí con dos tazas, me ofreció una.<img class="alignleft" src="http://www.obituariosdevenezuela.com/wp-content/uploads/2011/03/velorio.gif" alt="" width="103" height="97" /></p>
<p>Nada había cambiado, sin embargo pero me sentía rara. Las tres solas, absolutamente solas con el olor de las flores y un ataúd, de buena calidad eso sí &#8211; Clara no había querido escatimar en ningún gasto para su madre &#8211; pero era un ataúd después de todo. Me atormentaba que la muerta se levantara y nos contase cómo era no estar viva, si había diferencias con este mundo. ¿Habría otro lugar adónde ir o una se convertía en nada? No la conocí tanto, no sé si estaba contenta con su vida o no, pero hubiera hecho lo que hubiera hecho, nada podría cambiar su estado.</p>
<p>Marisa intentaba consolar a Clara inmersa en otra crisis de llanto y a la vez me hacía señas para que cerrara la puerta con llave, era tarde, mejor ser cuidadosas, total si llegaba alguien tocaría el timbre.</p>
<p>Quizá sería mejor que a una la cremen, la sola idea de miles y miles de gusanos y parásitos corroyendo el cuerpo, me traía imágenes escalofriantes. Pensé acercarme al ataúd para comprobar que la muerta estaba bien pero me falló el valor.</p>
<p>Hacía mucho frío, buscamos estufas que no encontramos por ninguna parte, debimos juntarnos las tres para darnos un poco de calor. Creo que nos adormecimos un rato, por lo menos a mí me despertó alguien que golpeaba a la puerta. Eran los de la funeraria que traían un cura, bastante viejo por cierto. Cuando se acercaron al cajón para cerrarlo no encontramos el cadáver. Los hombres nos miraron reprobándonos, Uds. no supieron cuidarlo, parecían decir. Clara pasó por distintos estadios, desde la sorpresa al desmayo que la hizo caer en breves segundos al piso.<img class="alignright" src="http://images01.olx.com.pe/ui/9/62/85/1290216750_139675785_1-FABRICA-DE-ATAUDES-VILCA-LA-ESPERANZA-1290216750.jpg" alt="" width="81" height="73" /></p>
<p>Qué hacer más que llamar a la policía. Alguien debía investigar.</p>
<p>Pasaron varias semanas antes de que Clara volviera al banco, la pobre se sentía muy abochornada y aunque nosotras nos cuidamos bien de no contar, había comentarios por los pisos. Parece que algunos de la oficina de personal quisieron cumplir y fueron al frustrado entierro. Seguro que los de la funeraria hablaron si bien les rogamos que no lo hicieran.</p>
<p>Recibí una postal de Raquel y Alicia donde me decían que prolongaban el viaje para recorrer el sur de Brasil y una carta de Federico preocupado porque la madre no se recuperaba, me pedía un poco más de dinero y que le consiguiera unos medicamentos importados. Seguro que serían carísimos.</p>
<p>Mientras tanto se nos fueron varios meses sin que la policía averiguara nada sobre el cuerpo, solamente declarábamos y volvíamos a declarar pero no avanzaban. Con Marisa aunamos esfuerzos y contratamos a un investigador privado que nos recomendó el turco. La pobre Clara se merecía una respuesta. Un tiempo después nos enteramos que era su sobrino y no entendía nada sobre el tema.</p>
<p>Hace seis meses que no compramos la revista de trajes de novia, no es lo mismo, por eso busqué entre los ejemplares que me tocó guardar, el modelo que prefería y me dediqué a él. Estaba libre de deudas, así que saqué el tul para el tocado y los encajes que me faltan para el vestido. Son necesarios muchos metros para que tenga una caída tan linda como en la foto. Fui con todo a la modista de Marisa, la que le hace los trajecitos desde que salió del Liceo.</p>
<p>Con Federico y la madre las cosas siguen igual. Ahora me escribe más espaciado, eso sí.</p>
<p>Y el cuerpo que no aparece. Clara se nos consume por la congoja. Nunca más participó de un almuerzo ni del té. Sin hablar nos mira como si no hubiera salido de la sorpresa. Yo no digo que nos culpe pero sus gestos resultan inusuales. La comprendo, ni siquiera le queda el consuelo de ir al cementerio. Habiendo perdido el cuerpo todo es más difícil.</p>
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		<title>Crónica social</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Mar 2012 00:03:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[ El parque se volvió famoso por culpa de esa patota que molesta a quien pase, pero usted ya lo sabe. Detrás de ese parque es que empieza la zona de las casas bajas. Todas similares, pintadas de blanco, con techos a dos aguas, una ventana con rejas y el jardín pequeño en el frente. En aquella época, una se destacaba del resto por el color amarillo de las paredes y la falta de las rejas en la ventana. Sin embargo impresionaba más por el descuido en el jardín. Malas hierbas, plantas secas, un limonero que no daba frutos. Se imagina, ¿no? En el barrio se tejieron muchas historias sobre los habitantes de esa casa, un poco por no tener mucho qué hacer y otro tanto por lo nada sociables que fueron con los vecinos. Al principio, el hombre de la casa acostumbraba salir a las diez en punto de la mañana, luego de bajar la persiana y asegurar la puerta con varias vueltas de llave como si en el interior de la casa no quedara nadie. Miraba el jardincito y partía, caminaba lento por la vereda unos escasos metros hacia el parque, veinte o veinticinco podríamos decir. Debía atravesarlo si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://unanocheenpraga.files.wordpress.com/2010/08/parque-saavedra2.jpg?w=474" alt="" width="170" height="121" /> El parque se volvió famoso por culpa de esa patota que molesta a quien pase, pero usted ya lo sabe. Detrás de ese parque es que empieza la zona de las casas bajas. Todas similares, pintadas de blanco, con techos a dos aguas, una ventana con rejas y el jardín pequeño en el frente. En aquella época, una se destacaba del resto por el color amarillo de las paredes y la falta de las rejas en la ventana. Sin embargo impresionaba más por el descuido en el jardín. Malas hierbas, plantas secas, un limonero que no daba frutos. Se imagina, ¿no?</p>
<p>En el barrio se tejieron muchas historias sobre los habitantes de esa casa, un poco por no tener mucho qué hacer y otro tanto por lo nada sociables que fueron con los vecinos.</p>
<p>Al principio, el hombre de la casa acostumbraba salir a las diez en punto de la mañana, luego de bajar la persiana y asegurar la puerta con varias vueltas de llave como si en el interior de la casa no quedara nadie. Miraba el jardincito y partía, caminaba lento por la vereda unos escasos metros hacia el parque, veinte o veinticinco podríamos decir. Debía atravesarlo si pretendía tomar el ómnibus en dirección al centro. Algunos suponían que iba a trabajar, otros decían que escondía algo oscuro, lo cierto es que cruzaba el parque y cada día parecía costarle más, arrastraba los pies y no miraba para los costados, esto llevó a que no viera a nadie. Fue inevitable que crecieran la enemistad y las habladurías de los vecinos, enojados al no ser correspondidos los saludos, ¿se da cuenta?</p>
<p><img class="alignleft" src="http://guiasempio.com.ar/gs-esp/area-arquitectura/desarrollos-inmobiliarios/0002-barrio-mutual-eva-peron/barrio-mutual-eva-peron-2.jpg" alt="" width="125" height="70" /></p>
<p>Se había mudado a esa casa hacía casi un año, llegó con una mujer mucho más joven, en un camión chico del cual bajaron dos valijas y unos pocos muebles viejos. Nadie entendía cómo iban a llenar tres amplios ambientes. Entraron sus cosas en media hora.</p>
<p>La mujer fue vista los primeros meses algunas mañanas, iba de compras con una bolsa color naranja y un monedero marrón. Otra vez, una, barrió la vereda, hay varios testigos. Sus salidas se hicieron progresivamente más espaciadas. El hombre volvía por las tardes con un paquetito. Ocasionalmente, una botella envuelta en papel blanco que ocultaba la clase de bebida que llevara.</p>
<p><img class="alignright" src="http://www.ciudad1.com/adjuntos/imagenes/2009/05/2009051953.jpg" alt="" width="101" height="118" /></p>
<p>Las cosas siguieron así hasta el último cambio de autoridades municipales, cuando modificaron las direcciones de ciertas calles y el recorrido de los colectivos que circulaban por ellas, de modo que al regresar, en lugar de bajar a veinte metros de su casa, el hombre tenía que hacerlo del otro lado del parque. Atravesarlo de ida y de vuelta, ¿comprende? Los vecinos aseguran que parecía más huraño y cabizbajo. Casi corriendo cruzaba el parque aferrado al paquete que cargara.</p>
<p>Con el tiempo se gestó entre los vecinos la idea de entrar a la  casa para averiguar qué ocultaba ese hombre bajito siempre vestido con traje gris y corbata azul, era necesario saber qué había sido de la mujer que desde unos meses nadie veía. Empezaron por merodear el jardín intentando encontrar alguna hendija aunque pequeña por la cual espiar el interior. Los avances fueron infructuosos, al cabo de unos días resolvieron forzar la puerta cuando comprobaron que no podían levantar la persiana que parecía sellada. El trabajo debía ser hecho con cautela y celeridad. Teniendo en cuenta que ella había salido siempre por las mañanas y que él regresaba alrededor de las seis, resolvieron operar entre las dos y las cinco.</p>
<p>Los vecinos fijaron al segundo viernes de octubre como el día propicio, el primer paso sería golpear tres veces porque si había alguien adentro seguramente respondería. Fíjese qué cautelosos. Después de eso y si nadie contestaba, empezaría el uso de ganzúas y destornilladores y, solo si este método no funcionaba, intentarían derribar la puerta a golpes.</p>
<p>Si bien la organización y acopio de materiales fue realizado por unos diez vecinos podemos decir, sin lugar a equivocarnos, que no había quien no estuviese de acuerdo con el plan y ansioso por ver qué encontraban.</p>
<p>Ese día, el segundo viernes de octubre, se reunieron en el parque quince minutos antes de las dos, seis personas iniciaron el avance lento pero muy firme, al llegar a la casita golpearon las tres veces pero no hubo respuesta, esperaron casi media hora. Según las pautas prefijadas lo que seguía era forzar la cerradura pero, habiendo trabajado por más de dos horas sin resultados positivos, concluyeron en que lo mejor sería proceder a derribar la puerta. Esto tampoco fue una tarea fácil. Al cabo de cuarenta minutos se escuchó en unas cuantas manzanas a la redonda el estrépito que produjo la madera al caer.</p>
<p>Tal vez por obra de la casualidad o por algún extraño presagio, ese día el hombre regresó antes de tiempo sin paquetes. Corría agitado, el traje gris irreconocible por el sudor.</p>
<p>Fiel habitante del parque, la patota lo vio venir y, sin intercambiar miradas o acuerdos previos, lo siguieron unos metros detrás, caminaban sin prisa mientras recogían las piedras y palos que encontraron en el camino.</p>
<p>Quizá por la sorpresa o el ruido, nunca sabremos, los vecinos quedaron estupefactos, una escena muda parecía. Con desesperación, casi enloquecido, el hombre cruzó el jardincito, sorteándolos se metió en su casa y cerró las puertas de acceso a los dormitorios y la cocina antes de que cayeran las primeras piedras.</p>
<p>Durante la madrugada del sábado se alejaron de a uno, primero la patota luego las otras personas. Los invadía cierta amargura por no haber cumplido con su objetivo. ¿Me entiende?, no tenían cómo justificarse ante los restantes miembros del barrio.</p>
<p>En las dos o tres semanas que siguieron no hubo ninguna clase de movimiento en la casa, parecía no haber nadie adentro. Sin embargo, en los primeros días de noviembre el hombre salió, vestido con su ropa de siempre, ante la mirada atónita de los vecinos que se lo cruzaron, atravesó el parque y subió al ómnibus habitual. Nunca más volvió. Si bien de la mujer no se sabe nada, los vecinos no se han puesto de acuerdo sobre el procedimiento a seguir.</p>
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		<title>La Belgrano, más actualizada que nunca</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 08:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas varios de literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[La Biblioteca Popular Manuel Belgrano de Pinamar se ubica a la vanguardia con dos proyectos que la colocan en un lugar de privilegio por su capacidad para estar a la altura de los nuevos tiempos: La digitalización de las revistas culturales está lista para la consulta por la web y, para mayo, la visita de reconocidos escritores de relato policial. El policial se recicla El relato policial es la combinación de acción, drama y misterio. Su protagonista es un investigador que lo resuelve usando la razón, puede basarse en la indagación y observación o la deducción y la intuición. Convencionalmente, se considera que el género comienza como tal en el siglo XIX cuando Edgar Allan Poe crea al  detective, Auguste Dupin, a quien vemos en su esplendor en novelas como “El escarabajo de oro”, “La carta robada” o “Los crímenes de la calle Morgue”. Se caracteriza por el suspenso que debe mantenerse durante la trama y porque involucra al lector o espectador para develar el enigma. En sus comienzos, el género no fue aceptado socialmente, por considerarlo de “baja jerarquía” o “menor”, a mediados del siglo XX se lo empieza a revalorizar hasta convertirse en objeto de culto. Hoy seguimos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.ucateba.edu.do/images/biblioteca%20virtual.jpg" alt="" width="119" height="104" />La Biblioteca Popular Manuel Belgrano de Pinamar se ubica a la vanguardia con dos proyectos que la colocan en un lugar de privilegio por su capacidad para estar a la altura de los nuevos tiempos: La digitalización de las revistas culturales está lista para la consulta por la web y, para mayo, la visita de reconocidos escritores de relato policial.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">El policial se recicla</span></p>
<p>El relato policial es la combinación de acción, drama y misterio. Su protagonista es un investigador que lo resuelve usando la razón, puede basarse en la indagación y observación o la deducción y la intuición.</p>
<p>Convencionalmente, se considera que el género comienza como tal en el siglo XIX cuando Edgar Allan Poe crea al  detective, Auguste Dupin, a quien vemos en su esplendor en novelas como<em> “El escarabajo de oro”</em>, “<em>La carta robada” </em>o “<em>Los crímenes de la calle Morgue”</em>. Se caracteriza por el suspenso que debe mantenerse durante la trama y porque involucra al lector o espectador para develar el enigma.</p>
<p>En sus comienzos, el género no fue aceptado socialmente, por considerarlo de “baja jerarquía” o “menor”, a mediados del siglo XX se lo empieza a revalorizar hasta convertirse en objeto de culto. Hoy seguimos a los escritores y sus investigadores en literatura, cine, historieta y series televisivas.</p>
<p>En el policial reconocemos dos variantes. Una es la llamada “escuela inglesa”, de ella proviene la clásica “novela de misterio”, centrada en desentrañar intelectualmente un crimen, no intervienen aspectos sociales y morales, tiene intrigas complejas y muy elaboradas. Los tiempos narrativos discurren lentos, el estilo de los detectives es meditado y tranquilo. Son sumamente sagaces y analíticos, su fuerza es la inteligencia y la observación (esto los vuelve altaneros y despectivos). Plantean un cuestionamiento a la capacidad de la autoridad para descubrir al culpable, pero actúan como colaboradores o asesores. Transcurren, generalmente, en la alta sociedad.</p>
<p>Entre sus representantes están Agatha Christie, Sir Arthur Conan Doyle, Dorothy L. Sayers, Arthur Morrison, Ronald Knox y P. D. James.</p>
<p>La otra variante es la “escuela estadounidense”, de ella surge la “novela negra”. Su originalidad consiste en no excluir las clases bajas y marginales, incorporar la violencia, acelerar el ritmo de la acción. Suelen presentar crímenes donde las debilidades humanas, el racismo, la pobreza o alguna discriminación actúan como causa o motivación para el delito. Sus detectives no dudan en recurrir a las armas y los golpes para conseguir información que les permita obtener pistas, cuestionan al sistema y lo desafían, de allí que  los límites entre el bien y el mal no siempre quedan claros.</p>
<p>Sus fundadores son Dashiell Hammett y Raymond Chandler e innumerables los continuadores. </p>
<p>El detective empezó como burgués, elegante, hábil interrogador y gran observador (Poirot, Sherlock), devino en el duro, solitario, en conflicto con las instituciones, que bucea en los peores lugares, desentrañando motivaciones para la delincuencia (Marlowe, Spade, Echenike).</p>
<p>Con los años, el género ha logrado mezclar las dos escuelas, dando detectives con armas, entrenados para su uso, mientras analizan los datos y observan perfiles y sospechosos (Wallander). Muchos provienen o trabajan en las fuerzas públicas y ciencia forense. Es lo que podemos ver en las nuevas series: Criminal Minds, CSI, La ley  y el orden, Inspector Morse, Prime Suspect, Profiler, por ejemplo.</p>
<p>Los relatos pueden tener al investigador como protagonista, el punto de vista estar en el criminal o en la victima, podemos acompañar el descubrimiento del culpable o la búsqueda de pruebas para incriminarlo,  lo que exponen es la lucha entre el orden y el delito, el delgado límite que los separa y la ilusión de seguridad. La realidad es que el género se recicla continuamente, es así que cuenta en la actualidad con festivales dedicados exclusivamente a este tipo de relato, “Semana Negra de Gijón”, “Semana Negra de Barcelona”, “Getafe Negro, festival de novela policiaca de Madrid”  en España y “Festival Azabache de Literatura Policial y Negra” en Mar del Plata, entre otros.</p>
<p><img class="alignleft" src="http://4.bp.blogspot.com/-60KEW6lV-Yw/TiqPE4CAnYI/AAAAAAAAByw/4h3R87OR6Uk/s320/Semana%2Bnegra.jpg" alt="" width="134" height="130" />Semana Negra es la denominación que recibe un festival que actualmente se celebra en Gijón, Principado de Asturias (España), organizado por una empresa privada y con las subvenciones del Ayuntamiento de Gijón y del gobierno del Principado de Asturias, se focaliza en el género literario conocido como “novela negra” y se ha ido ampliando hacia la ciencia ficción, la fantasía y la novela histórica. Incluye actos culturales y diversas actividades como conciertos, terrazas de bares, mercados, atracciones.</p>
<p>Durante la Semana Negra de Gijón, la “Asociación Internacional de Escritores Policíacos” concede el Premio Internacional de Novela “Dashiell Hammett” a la mejor novela policíaca escrita en lengua española. Además, otorga el Premio “Rodolfo Walsh” a la mejor obra policiaca de no ficción escrita en español; el “Espartaco” a la mejor novela histórica; el “Memorial Silverio Cañada” a la mejor primera novela negra publicada en español; el del “Concurso Internacional de Relatos Policíacos” a una obra inédita; y, a partir de 2008, el “Celsius 232” a la mejor novela de fantasía o ciencia ficción.</p>
<p><img class="alignleft" src="http://elidentikit.com/wp-content/uploads/2012/02/Festival-Azabache.jpg" alt="" width="208" height="122" />El Festival Azabache de Literatura Policial y Negra, a realizarse en Mar del Plata, entre el 10 y el 13 de mayo de este año, nuclea escritores de este género que cada año suma mayor cantidad de lectores. En 2012 habrá charlas con autores, encuentros de cortes académicos con especialistas, invitados nacionales e internacionales, música, cine, muestras de artes visuales y recorridos sobre los rastros de los crímenes más resonantes.</p>
<p>Con este espíritu, la Biblioteca Belgrano se encuentra en plena organización de una jornada sobre el tema, el proyecto es realizarla en el mes de mayo.  Los escritores Guillermo Orsi y Laura Massolo (premiados en Gijón), también Fernando López y Lucio Yudicello (editores de la colección “Tinta roja” de la Eduvim, Editorial Universitaria de Villa María, Córdoba) han prometido su asistencia.</p>
<p>Como vemos, un género que se resiste al estancamiento y una Biblioteca que no para de crecer y acercarnos esta oportunidad para dialogar y escuchar a los especialistas.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><img class="alignleft" src="http://www.milibrodigital.com/wp-content/uploads/2010/02/bibliotecAVIRTUAL1.jpg" alt="" width="130" height="125" />La base bibliográfica crece</span></p>
<p>Imprescindible para preservar y difundir, la digitalización de datos bibliográficos es una forma de facilitar a los ciudadanos el derecho a recibir información. En este sentido, la Biblioteca Popular Manuel Belgrano ha dado un importante paso en el camino hacia la modernización: la consulta virtual de las revistas que componen su inventario.</p>
<p>Esto agiliza la tarea de búsqueda e investigación: en pocos minutos, de manera simple y amigable, a través del catálogo general, los usuarios pueden saber qué notas, artículos, reseñas, análisis y entrevistas contienen los ejemplares disponibles para la lectura en el salón.</p>
<p>Actualmente se han ingresado a la base más de 60 revistas (Puro Cuento, Proa, Tokonoma, BePe), alrededor de 1400 notas están disponibles en la web y se las puede consultar desde la comodidad de una PC. El proyecto es continuar la carga del material requerido por los estudiantes para sus tareas escolares y las notas en libros con trabajos críticos que, dado el valor de esas ediciones, permanecen en el sector “Tesoros”.</p>
<p>Felicitamos a la Comisión Directiva, a Héctor Corio, su presidente y a la Directora Técnica de la Biblioteca por esta iniciativa que facilita a los usuarios, la búsqueda de material para estudio, investigación o simple curiosidad.</p>
<p>Publicada en DC Carilo, marzo 2012</p>
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		<title>Manuel Mujica Lainez, un grande entre los grandes</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Mar 2012 07:00:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas varios de literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Uno de los más importantes escritores argentinos del siglo XX, figura fundamental que marcó una época y una estética, Manuel Mujica Lainez adoptó la pose de un personaje novelesco que fascinó por el humor, la irreverencia y sus anécdotas, a quienes lo conocieron. Un autor excepcional Disciplinado, inteligente, curioso, con gran actividad social y laboral, Manuel Mujica Lainez alcanzó notoriedad en los años 60 cuando el gobierno de Onganía prohibió su obra después de la aparición de su novela Bomarzo y la ópera homónima de Ginastera. No fue un escritor revolucionario ni vanguardista, no le interesó pertenecer a grupos ni líneas estéticas,  se mantuvo como “un marginal de la literatura. Muy seguro de sí mismo, de lo que quería y de lo que podía, se mantuvo fiel a sus convicciones, aun cuando marchara contra la corriente. Fue un escritor de personalidad perfectamente definida”. Con un estilo personal, original y peculiar, se ocupó de investigar exhaustivamente cada tema para escribir novelas históricas. En sus trabajos, los hechos son presentados de manera trágica y/o dramática: el nudo de la acción propone situaciones irremediables de las cuales no es posible volver atrás. La prosa de sus relatos es fluida, adecuada a cada construcción [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/fotos/mujica_lainez.jpg" alt="" width="122" height="110" />Uno de los más importantes escritores argentinos del siglo XX, figura fundamental que marcó una época y una estética, Manuel Mujica Lainez adoptó la pose de un personaje novelesco que fascinó por el humor, la irreverencia y sus anécdotas, a quienes lo conocieron.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Un autor excepcional</span></p>
<p>Disciplinado, inteligente, curioso, con gran actividad social y laboral, Manuel Mujica Lainez alcanzó notoriedad en los años 60 cuando el gobierno de Onganía prohibió su obra después de la aparición de su novela <em>Bomarzo </em>y la ópera homónima de Ginastera.</p>
<p>No fue un escritor revolucionario ni vanguardista, no le interesó pertenecer a grupos ni líneas estéticas,  se mantuvo como “<em>un marginal de la literatura. Muy seguro de sí mismo, de lo que quería y de lo que podía, se mantuvo fiel a sus convicciones, aun cuando marchara contra la corriente. Fue un escritor de personalidad perfectamente definida</em>”. Con un estilo personal, original y peculiar, se ocupó de investigar exhaustivamente cada tema para escribir novelas históricas. En sus trabajos, los hechos son presentados de manera trágica y/o dramática: el nudo de la acción propone situaciones irremediables de las cuales no es posible volver atrás.</p>
<p>La prosa de sus relatos es fluida, adecuada a cada construcción ambiental, atrapa por lo rica y apropiada. Las narraciones se caracterizan por la pintura de ambientes y la presentación de hechos históricos a partir de los detalles cotidianos y situaciones atractivas.</p>
<p>En sus ficciones, espacio y tiempo son recursos de verosimilitud.  Dueño de un enorme talento descriptivo, no describe en el sentido tradicional, pinta escenarios, contornos humanos. Así, sus personajes, mostrados por algún rasgo del aspecto o conducta, aparecen caracterizados a través de una técnica tipificadora, con pinceladas destaca los aspectos vulgares que resultan una síntesis de virtudes y defectos fácilmente reconocibles.</p>
<p>En su narrativa pueden establecerse dos vertientes principales: el tema argentino (<em>La casa, Los viajeros, Invitados en El Paraíso, El Gran Teatro</em>) y las novelas históricas (<em>Bomarzo, El unicornio, El laberinto</em> y <em>El escarabajo</em>), si bien no hay una reproducción de la historia, Mujica Lainez parte de los personajes y su pintura, de modo tal que la anécdota se diluye y funciona como pretexto para la presentación de épocas, caracteres y costumbres.</p>
<p>Se movió cómodamente tanto en el cuento (<em>Aquí vivieron; Misteriosa Buenos Aires; Crónicas reales; Un novelista en el Museo del Prado y Cuentos completos</em>) como en la novela. Sus narradores son objetivos, aun cuando limiten el conocimiento al punto de vista de un personaje.</p>
<p>Mujica Lainez publicó casi treinta libros, hoy siguen reeditándose algunos de sus trabajos. Su literatura recorre un camino que va desde el estoicismo contemplativo y bucólico hasta la tragedia.  Un escritor cuya lectura es impostergable y necesaria.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">La obra</span></p>
<p>Primer libro: los ensayos reunidos en <em>Glosas castellanas </em>(1936). En 1938, apareció su primera novela, <em>Don Galaz de Buenos Aires</em>, semblanza de un personaje iluso y fracasado en el siglo XVII. Luego, las biografías de Miguel Cané (padre), en 1942; Hilario Ascasubi, el de Santos Vega (1943); y Estanislao del Campo, el autor del <em>Fausto </em>criollo (1948).</p>
<p>De la misma época son <em>Canto a Buenos Aires </em>(1943), su único libro en verso; y <em>Estampas de Buenos Aires </em>(1946), comentarios a las imágenes de barrios porteños trazadas por la dibujante Marie Elisabeth Wrede.</p>
<p>La línea literaria asciende con: <em>Aquí vivieron </em>(1949) y <em>Misteriosa Buenos Aires </em>(1950), sucesión de relatos que transcurren en San Isidro y en Buenos Aires, respectivamente. En ellos presenta historias de seres humanos, sus sufrimientos, miserias y pecados, mezclados con costumbres, leyendas, hechos históricos, supersticiones, hechicería.</p>
<p><em>Los Ídolos </em>(1953), <em>La casa </em>(1954), <em>Los viajeros </em>(1955) e <em>Invitados en El Paraíso </em>(1957), profundizan en la alta clase porteña. Constituyen un punto alto en la obra de Mujica Lainez por la calidad literaria y testimonial.</p>
<p><em>Bomarzo </em>(1962) resultó una hazaña por su valor documental e histórico. <em>El unicornio (</em>1965), poblado por personajes reales y ficticios, transcurre en el siglo XII durante las Cruzadas. Siguen <em>Crónicas reales </em>(1967) y <em>De milagros y de melancolías </em>(1968). El autor afirmó que juntos formaban una especie de antihistoria del mundo occidental, donde un escritor se venga alegremente, de las torturas que le impuso la Historia.</p>
<p><em>El laberinto </em>(1974) recrea la España barroca y la América de los conquistadores. <em>El viaje de los siete demonios </em>(1974) es otro desafío a la Historia, en el cual a cada pecado corresponde un demonio y una distinta ubicación en el tiempo y en el espacio. Las tres novelas siguientes &#8211; <em>Sergio </em>(1976), <em>Los cisnes </em>(1977) y, sobre todo, <em>El Gran Teatro </em>(1979)- retoman la línea del ciclo porteño. <em>El escarabajo </em>(1982) se sitúa en la línea de las obras históricas, con elementos paródicos y satíricos.  En <em>Un novelista en el Museo del Prado</em> (1984), figuras del mundo del arte se escapan de sus marcos y cobran vida de noche, cuando el silencio y la penumbra invaden los salones del Museo.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Noticia biográfica</span></p>
<p>Escritor, biógrafo, crítico de arte y periodista, nació en Buenos Aires el 11 de setiembre 1910 y murió en Córdoba el 21 de abril de 1984.</p>
<p>Creció en una familia con aptitudes literarias. Por línea materna está vinculado a Juan Cruz y Florencio Varela; con los Varela periodistas de <em>La Tribuna</em>; con Miguel Cané, a quien le dedicó un libro; con el hijo de éste, autor de <em>Juvenilia</em>, y con Manuel Lainez, fundador y director de <em>El Diario</em>.</p>
<p>En 1932 ingresó al diario La Nación como redactor. A punto de jubilarse como crítico de arte y columnista en ese diario, compró &#8220;El Paraíso&#8221;, quinta de estilo colonial en la zona cordobesa de Cruz Chica en La Cumbre. Allí se trasladó con su familia en 1969.</p>
<p><img class="alignright" src="http://www.cordobaserrana.com.ar/lacumbre/imagenes/manucho.jpg" alt="" width="203" height="130" /></p>
<p>Obtuvo múltiples premios por su obra literaria, entre ellos el Premio Nacional de Literatura en 1963 y La Legión de Honor del Gobierno de Francia en 1982. Sus libros fueron traducidos a más de quince idiomas.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Palabra de Manucho</span></p>
<p><em>“¿Sabés lo que me gustaría? Contar un baile&#8230; Sí, un baile&#8230; Vos no sabés, porque sos demasiado joven&#8230; Esos bailes, en 1932 o 1933, eran toda una historia&#8230; Primero, la familia que los programaba, siempre para diciembre&#8230; Luego, la confección de la lista de invitados&#8230; Las intrigas que había. Las averiguaciones secretas sobre quién sería invitado y quién no&#8230; Había un verdadero servicio secreto de espionaje&#8230; Después, poco antes del baile, la familia hacía cercar la casa para estar segura de que nadie que no estuviese invitado pudiese acercarse más de lo aconsejable&#8230; Y luego, la última semana, las visitas al famoso peluquero, monsieur Moussillon&#8230; Ese que era mufa&#8230; Las niñas tenían que ir a su salón de coiffeur, porque era el mejor, pero había que evitar mirarle a la cara, porque traía desgracia. ¿Te imaginarás el sufrimiento? Estar sentadas, una o dos horas, mientras Moussillon les moldeaba la cabeza y no arriesgar ni siquiera una miradita al espejo, por temor a lo que pudiese pasar&#8230; Yo mismo fui a uno de esos bailes, allá por 1933. Había llegado a Buenos Aires un famoso botánico inglés, un sir no sé cuánto&#8230; Descubrí que su mujer –ambos eran muy viejos– había sido en su juventud una famosa actriz shakespeareana. Entonces la visité con cierta asiduidad. Me acuerdo que un día vi, pegada en el espejo, una invitación cursada a ese matrimonio para ir a un baile. Ellos sugirieron que los acompañase&#8230; Acepté, encantado: nunca hubiera pensado que me tocaría participar de ese baile. Fui, entré del brazo de la vieja inglesa. Me acuerdo de las mofas, las burlas de los muchachos que no podían comprender mi actitud. Sufrí mucho&#8230; Para mí, aquello era una forma de felicidad&#8230; Por eso, quisiera contar uno de esos bailes. Claro, es mucho trabajo: habría que documentarse, buscar una intriga. Pero, no sé&#8230; Creo que es un tema&#8230; ¿O te parece un mamarracho? (…)”</em></p>
<p><em>“Quiero salir a la calle y ver gente&#8230; Para mí, la soledad no es buena. Lo comprendí después de seis años de haberla experimentado. Son errores, pero siempre se los puede rectificar. Como por ejemplo, las ingenuidades que uno comete. ¿Te acordás&#8230;? Cuando vino la Libertadora, en el ‘55, me nombraron director de Relaciones Culturales de la Cancillería. Apenas me hice cargo, vi todos esos corredores llenos de ejemplares de ‘La razón de mi vida’&#8230; Los había en ídish, en húngaro, en árabe, qué sé yo&#8230; Los mandé quemar, creyendo que así destruía el Mal&#8230; Como si quemando algo se lo pudiera destruir&#8230; Entonces no lo entendía, porque era un ingenuo&#8230; Ahora veo claro que nadie puede quemar lo inevitable, lo que uno no comprende. Aquello que quizá no sea sino una parte ignota de la verdad.”</em></p>
<p>En: La opinión,  19 de octubre de 1975. Entrevistado por Enrique Raab. Recuperado por Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero, en <em>Grandes entrevistas de la Historia Argentina (1879-1988),</em> Buenos Aires, Suma de Letras Argentinas, 2002.</p>
<p>Publicado en DC Cariló, marzo 2012</p>
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		<title>Salid sin duelo, lágrimas, corriendo</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Mar 2012 08:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Unos instantes después de haber entrado en el bosque principal, el que está poblado por innumerables castaños que nunca dieron frutos, presintió que la seguían. Apenitas haber entrado. No quiso darse vuelta para ver quién era, sólo que los pies al caer sobre la hierba, tan tupida en esa época del año, le hacían suponer un hombre pesado. Debía ser robusto, robusto y alto, la sombra del sol a esa hora de la tarde lo delataba. Caminó por el sendero bordeado de acacias hacia el lago pequeño donde siempre sus amigos jugaban en el agua. Nunca dejaba de visitarlos, no la detenía lluvia, nieve o calor alguno. Tampoco su madre, quien insistía hasta el hartazgo que no saliera sola, muchos eran los peligros. Variados rumores circulaban entre la población. Avanzaba sin apurar el paso aun cuando su corazón latía muy rápido como si quisiera irse sin ella. Atrás sonaban las pisadas, un eco profundo de las suyas. Recordó las montañas que están más allá del valle donde se producía ese fenómeno. A menudo iba a cantar allí, le gustaba esa voz que retornaba tan parecida para contestarle. Claro que ella se daba cuenta que era otro quien respondía. Sintió una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://faculty-staff.ou.edu/L/A-Robert.R.Lauer-1/ApolloDaphne.jpg" alt="" width="141" height="182" /></p>
<p>Unos instantes después de haber entrado en el bosque principal, el que está poblado por innumerables castaños que nunca dieron frutos, presintió que la seguían. Apenitas haber entrado. No quiso darse vuelta para ver quién era, sólo que los pies al caer sobre la hierba, tan tupida en esa época del año, le hacían suponer un hombre pesado. Debía ser robusto, robusto y alto, la sombra del sol a esa hora de la tarde lo delataba.</p>
<p>Caminó por el sendero bordeado de acacias hacia el lago pequeño donde siempre sus amigos jugaban en el agua. Nunca dejaba de visitarlos, no la detenía lluvia, nieve o calor alguno. Tampoco su madre, quien insistía hasta el hartazgo que no saliera sola, muchos eran los peligros. Variados rumores circulaban entre la población.</p>
<p>Avanzaba sin apurar el paso aun cuando su corazón latía muy rápido como si quisiera irse sin ella. Atrás sonaban las pisadas, un eco profundo de las suyas. Recordó las montañas que están más allá del valle donde se producía ese fenómeno. A menudo iba a cantar allí, le gustaba esa voz que retornaba tan parecida para contestarle. Claro que ella se daba cuenta que era otro quien respondía.</p>
<p>Sintió una mano sobre el pecho reteniéndola, pálida y temerosa volvió el rostro, lento, lento, sólo el rostro, para ver. Quiso gritar mamá tengo miedo pero no pudo, de su boca no salía palabra alguna. No. Tampoco supo cómo reaccionar. Fijos los ojos en ese ser tan alto que la miraba también y la retenía sin violencia pero con mucha fuerza para que no se fuera.</p>
<p>Me metí en la escena para arrancarle eso de la boca, avancé con cautela muy cerca de ambos. Con una mano, la izquierda, lo agarré con firmeza y tiré hasta sacárselo, ninguno de los dos percibió mi mano ni la sangre que chorreaba de su boca, roja y brillante como una luz.</p>
<p>Su pelo, el de ella, se despegaba de la cabeza en grandes cantidades, algunos mechones volaban lejos arrastrados por el viento, otros caían en el piso enredándose en mis pies. Se pegaban con la sangre tibia ya un poco seca mientras la nueva continuaba saliendo soberbia, caliente.</p>
<p>Con la otra mano intenté tapar la herida, hacer un parche. Sirvió un momento al menos. Enfurecido, él la levantó por la cintura para llevársela, ella me miró, asustada levantó los párpados y ví allí, en sus ojos, el reflejo de los míos. Sentí su miedo y también la sorpresa cuando su sangre corría, a pesar de todo, entre mis dedos, se metía en las uñas, el brazo, la ropa.</p>
<p>Supe que habría de pasar algo incalculable en sus dimensiones cuando él dirigió su mirada hacia mí.</p>
<p>Quise salir de la escena pero no pude mover un solo músculo de las piernas, parecían dos estacas de madera. Me estaba clavando en la tierra. Un castaño más. Sus ojos, los de él, me petrificaron, sus ojos o su deseo no sé. Lo cierto es que nunca más pude desenterrarme.</p>
<p><img class="alignright" src="http://www.galiciaenfotos.com/wp-content/uploads/2009/04/02-00929.jpg" alt="" width="222" height="147" /></p>
<p>Ellos se fueron, o mejor, él se fue llevándosela. De ella quedó sangre, pelo y miedo. Extraña herencia y aunque no se la puedo reintegrar tampoco quiero que permanezca pegada en mí. Al principio tuve esperanzas de que las lluvias del otoño me limpiaran pero no, en esta zona hay demasiados árboles altos y frondosos.</p>
<p>Una tarde, casi al anochecer, llegaron dos gorriones en busca de refugio, hacía frío y estaban mojados. Tan mojados que casi no podían volar, permanecieron en un rincón durante la noche. A la mañana siguiente comenzaron a construir un nido.</p>
<p>Su trabajo duró muchos días, la humedad no dejaba que el barro se secara bien. Eran muy tenaces, fueron y vinieron incansables, prepararon una extraña mezcla a la que agregaban palitos, hojas y los pelos que, causándome algún dolor, me arrancaban de a uno. Armaron un tejido intrincado pero fuerte. Tan fuerte que podrá resistir cualquier embate.</p>
<p>Persistentes, ellos cumplían su destino. Simple testigo, yo observaba. Ya no puedo &#8211; ni quiero &#8211; participar de historias ajenas.</p>
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		<title>Escritores de nuestro tiempo: Carlos Ruiz Zafón</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Feb 2012 10:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritores de nuestro tiempo]]></category>
		<category><![CDATA[Temas varios de literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Reconocido internacionalmente, el escritor español nos sorprende desde 2001, con una saga que no da respiro: las novelas que giran en torno a “El Cementerio de los Libros Olvidados”. Sobre la colección “El Cementerio de los Libros Olvidados” es una biblioteca oculta en Barcelona, entre edificios, calles y parajes de la ciudad vieja. Allí se custodian los libros que no se leen, están abandonados o descuidados, es decir, libros que no tienen lectores. La única opción para ingresar a este lugar custodiado por un auténtico cancerbero, será de la mano de un miembro. Sólo puede participar quien sea presentado por alguien de la cofradía que se responsabilice por el nuevo integrante. Una iniciación en el sentido profundo del término, para llegar hay que sortear pruebas y obstáculos. El premio será el libro para cada uno, pero (se dice y repite en reiteradas ocasiones) uno no encuentra al libro apropiado, sino que el libro encuentra a su lector. Mientras recorremos las páginas escritas por Ruiz Zafón, nos adentramos por el mundo de la antigua Barcelona, por ambientes oscuros y góticos, un paseo imperdible por diferentes climas y colores. La recreación topográfica no tiene desperdicio. Los tres libros publicados que giran en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://html.rincondelvago.com/000778980.jpg" alt="" width="115" height="173" />Reconocido internacionalmente, el escritor español nos sorprende desde 2001, con una saga que no da respiro: las novelas que giran en torno a “El Cementerio de los Libros Olvidados”.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Sobre la colección</span></p>
<p>“El Cementerio de los Libros Olvidados” es una biblioteca oculta en Barcelona, entre edificios, calles y parajes de la ciudad vieja. Allí se custodian los libros que no se leen, están abandonados o descuidados, es decir, libros que no tienen lectores. La única opción para ingresar a este lugar custodiado por un auténtico cancerbero, será de la mano de un miembro. Sólo puede participar quien sea presentado por alguien de la cofradía que se responsabilice por el nuevo integrante.</p>
<p>Una iniciación en el sentido profundo del término, para llegar hay que sortear pruebas y obstáculos. El premio será el libro para cada uno, pero (se dice y repite en reiteradas ocasiones) uno no encuentra al libro apropiado, sino que el libro encuentra a su lector.</p>
<p>Mientras recorremos las páginas escritas por Ruiz Zafón, nos adentramos por el mundo de la antigua Barcelona, por ambientes oscuros y góticos, un paseo imperdible por diferentes climas y colores. La recreación topográfica no tiene desperdicio.<img class="alignright" src="http://1.bp.blogspot.com/_yYQaRIBKguI/TD3PPCdRuqI/AAAAAAAABnQ/5QTvH-GH1r0/s1600/02_color_baja.jpg" alt="" width="217" height="133" /></p>
<p>Los tres libros publicados que giran en torno a “El Cementerio de los Libros Olvidados” son independientes entre sí pero relacionadas por personajes, historias y ambientes: la familia Sempere y su librería, los vecinos y amigos (Barceló, Monfort, Anacleto, Fermín, Fumero), las mujeres (Isabella, Bea, Bernarda). Estos tres libros mezclan suspenso, reconstrucción histórica, intriga, costumbrismo y drama amoroso, con un formato episódico que permite disfrutar cada capítulo como un cuento, vinculado y autosuficiente del relato principal.</p>
<p>Si han leído alguna de las tres novelas publicadas, no dejen escapar las otras. Si no leyeron ninguna, es un buen momento para empezar a recorrer el camino: no se las pierdan, participarán de una experiencia inolvidable.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><img class="alignleft" src="http://brainstomping.files.wordpress.com/2011/02/la-sombra-del-viento.jpg" alt="" width="70" height="108" />“La sombra del viento”</span></p>
<p>La serie se inicia con “La sombra del viento” (Planeta, 2001). Ambientada en la primera mitad del siglo XX, la acción transcurre en Barcelona y París. El relato comienza un amanecer de 1945, cuando Daniel Sempere es conducido por su padre al misterioso Cementerio; allí, el joven encontrará un libro que transformará el rumbo de su vida y lo empujará por un camino de misterios ocultos en la ciudad antigua y en París. Al empezar la lectura del libro elegido, Daniel se apasiona por su autor, Julián Carax; esto lo lanza a investigar sobre el extraño escritor y su obra. En esas andanzas se consolida su amistad con Fermín y el amor con Beatriz.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><img class="alignleft" src="http://3.bp.blogspot.com/_7OCbbcDn8sk/TSbhYGnsI2I/AAAAAAAAAKI/q0bA-IcC95I/s1600/el-juego-del-angel.jpg" alt="" width="67" height="100" />“El juego del ángel”</span></p>
<p>“El Juego del Ángel” (Planeta, 2008) es la segunda entrega del ciclo, y nos propone una vuelta atrás en el tiempo: transcurre en Barcelona durante los años 20, cuando David Martín, joven redactor y escritor (trastornado por un amor imposible) recibe la oferta del insólito editor, Andreas Corelli, para escribir un libro “<em>como no ha existido nunca, a cambio de una fortuna</em>”. Con la ayuda de su amigo Pedro Vidal, David acepta la oferta y se desencadenan una serie de sucesos que modificarán su vida y la de su entorno</p>
<p>Es una vuelta atrás en la historia de los Sempere; durante la juventud del padre de Daniel, quien es joven, participa de aventuras y conoce a su futura esposa. En la tercera parte del libro aparece su joven amada, Isabella Gispert, personaje que conocimos en “La sombra del viento” y tendrá un importante papel en la tercera novela de la saga. El padre de Daniel introduce a David en el Cementerio.</p>
<p>“El Juego del Ángel” es una historia de intriga, romance y tragedia, con un giro manifiesto hacia la novela negra, plena de incidentes oscuros y conmovedores.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><img class="alignleft" src="http://4.bp.blogspot.com/-Ej7Rxfjaq-k/Tp227Bv6feI/AAAAAAAAA48/VHLMFbaCpUU/s1600/El-Prisionero-del-Cielo.jpg" alt="" width="66" height="100" />“El prisionero del cielo”</span></p>
<p>“El prisionero del cielo” (Planeta, 2011)  es la tercera novela de las cuatro. También ambientada en Barcelona, en torno al famoso cementerio de libros.</p>
<p>En ella encontramos a Daniel Sampere casado con Bea y padre del pequeño Julian y a su amigo Fermín a punto de casarse con Bernarda, mientras afrontan nuevos desafíos.</p>
<p>Si bien la suerte parece estar de su lado, un amenazador personaje irrumpe en la librería de Sempere y amenaza con develar un sombrío secreto que involucra a Fermín. El relato es retrospectivo, se inicia en 1960 cuando Daniel recuerda la historia que le narró Fermín en 1957 sobre sucesos de 1939-40 y su pasado como prisionero en el castillo de Montjuïc, regenteado por el maligno Mauricio Valls. Un juego de cajas chinas muy bien estructurado.</p>
<p>Entre los encarcelados políticos por sus ideas contrarias al régimen franquista, Fermín conoce a David Martín (protagonista de “El juego del ángel”), quien responde al apodo “el prisionero del cielo”. Valls pretende que David escriba por él, al no conseguirlo, lo amenaza con dañar a Isabella, su marido e hijo, Daniel Sempere.</p>
<p>El escritor y Fermín se hacen amigos y planean la huida de Fermín, con la condición de cuidar siempre de Daniel.  Como represalia, Valls envenena a Isabella y hace seguir a los Sempere a través de un antiguo pretendiente de Bea.</p>
<p>El libro termina con la visita de Fermín y Daniel al Cementerio de los libros olvidados, quedan pendientes de resolución: saber cuál es el tipo de relación entre David e Isabella, develar las intenciones y el paradero de Valls, desbaratar su maléfico plan, conocer quién intenta encontrar a Daniel a través del ex novio de Bea.</p>
<p>Seguramente serán los temas a resolver en la cuarta novela, más la enigmática aparición de Sofia, sobrina de Isabella idéntica a ella. Deberemos controlar la ansiedad y esperar la cuarta novela.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Noticia biográfica</span></p>
<p>Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 25 de septiembre de 1964), es uno de los autores más leídos en el mundo. Inició su carrera literaria en 1993 con <em>El Príncipe de la Niebla</em>, siguió <em>El Palacio de la Medianoche</em>, <em>Las Luces de Septiembre</em> (reunidos en el volumen <em>La Trilogía de la Niebla)</em> y <em>Marina</em>. En 2001 publicó su primera novela para adultos, <em>La Sombra del Viento</em>, que pronto se transformó en un éxito internacional. Con <em>El Juego del Ángel</em> (2008) volvió al universo de El Cementerio de los Libros Olvidados, siguió con <em>El Prisionero del Cielo</em> (2011). Sus obras, traducidas a más de cincuenta lenguas, conquistaron numerosos premios latinoamericanos y españoles.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">La obra</span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Narrativa para adultos</span>: Serie El Cementerio de los Libros Olvidados (tetralogía compuesta por las siguientes obras):</p>
<p>La sombra del viento (Planeta, 2002), El juego del ángel (Planeta, 2008), El prisionero del cielo (Planeta, 2011), 4ª y última obra (no publicada todavía)</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Narrativa juvenil</span>: Serie La Trilogía de la Niebla (recopilación de las tres siguientes obras publicada por Planeta en 2007): El príncipe de la niebla (Edebé, 1993), El palacio de la medianoche (Edebé, 1994), Las luces de septiembre (Edebé, 1995), Marina (Edebé, 1999)</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Algunas menciones y premios</span>: Premio Edebé 1993 por El príncipe de la niebla; Finalista del Premio Fernando Lara de Novela 2000, por La sombra del viento; Finalista British Book Awards, autor del año 2006; Premio al mejor libro extranjero en Francia 2004; Premio de la Asociación de Libreros de Canadá/Quebec; Premio Literario Casino da Póvoa (Póvoa de Varzim); Portugal, Bjornson Order of Literary Merit, Noruega; Barry Award a la mejor novela, Estados Unidos;<span style="text-decoration: underline;"> </span>Original Voices Award, Estados Unidos; Seleccionado como &#8220;libro para recordar del año 2004&#8243; por la biblioteca central de New York City, Estados Unidos; Premio de la Fundación José Manuel Lara Hernández 2004 a la obra más vendida el año anterior; Premio Booksense 2005, Estados Unidos; Premio Euzkadi de Plata 2008 por El juego del ángel; Nielsen Award, Gran Bretaña; Finalista del Premio Llibreter; Ottakar&#8217;s award, Gran Bretaña; Premio de la Fundación José Manuel Lara al libro más vendido.; Premio de los Lectores de La Vanguardia; Premio Protagonistas.</p>
<p> Publicada en DC Carilo, febrero 2012</p>
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		<title>Seda para un vestido floreado</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Feb 2012 21:18:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Un antiguo almacén de la calle Talcahuano solía exponer en la vidriera una serie de máscaras que pocos se detenían a mirar y muchos menos a comprar. En realidad no estaban para la venta, las alquilaban para eventos o fiestas. Siempre que pasaba por ese lugar me paraba en la vereda para observarlas, a través del vidrio lográbamos comunicarnos perfectamente aunque cada una tuviera su lenguaje y las historias fueran tan diferentes. Por eso, por sus historias, fue que me quedé particularmente entusiasmada, o mejor, fascinada con una de ellas. Quería llevarla conmigo, dejarla sobre la mesita de luz y que me acompañara cada noche. Y cada mañana también. Me daba cierto pudor entrar a la tienda y preguntar el precio, sabía que no las vendían, por lo poco habitual de la adquisición, porque nadie más lo hacía pero además no me parece honorable pagar en esas circunstancias. Pasé por esa vereda durante dos meses y catorce días. Cada tarde entre las siete y las siete treinta me detuve ante la vidriera para visitar a cada una pero, más que nada, para dialogar con la mía. Un miércoles de enero la noté triste cuando me iba, como si me reclamara, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un antiguo almacén de la calle Talcahuano solía exponer en la vidriera una serie de máscaras que pocos se detenían a mirar y muchos menos a comprar. En realidad no estaban para la venta, las alquilaban para eventos o fiestas. Siempre que pasaba por ese lugar me paraba en la vereda para observarlas, a través del vidrio lográbamos comunicarnos perfectamente aunque cada una tuviera su lenguaje y las historias fueran tan diferentes. Por eso, por sus historias, fue que me quedé particularmente entusiasmada, o mejor, fascinada con una de ellas. Quería llevarla conmigo, dejarla sobre la mesita de luz y que me acompañara cada noche. Y cada mañana también.</p>
<p><img class="alignright" src="http://lacuevadeldragon.com.ar/wp-content/uploads/mascaras.jpg" alt="" width="180" height="120" /></p>
<p>Me daba cierto pudor entrar a la tienda y preguntar el precio, sabía que no las vendían, por lo poco habitual de la adquisición, porque nadie más lo hacía pero además no me parece honorable pagar en esas circunstancias. Pasé por esa vereda durante dos meses y catorce días. Cada tarde entre las siete y las siete treinta me detuve ante la vidriera para visitar a cada una pero, más que nada, para dialogar con la mía.</p>
<p>Un miércoles de enero la noté triste cuando me iba, como si me reclamara, no me dejes sola, no me abandones. Esa noche tan calurosa casi no dormí pensando en ella, qué haría, por qué ninguna de las otras máscaras le resultaba una buena compañera, por qué estábamos cada una sin la otra siendo que nos necesitábamos tanto. Me levanté una hora más temprano, resuelta fui a ver cómo se encontraba antes de ir a la oficina. Sabía, conociéndome como me conozco, que no soy capaz de hacer ninguna cosa si me queda algo inconcluso.</p>
<p>Salí de casa corriendo como quien dice, por eso no le abrí la puerta del ascensor a la viejita del 4to. F ni saludé al portero. Recordé mientras viajaba en el 26 que no me había puesto el rouge. Recién al mirarme en el espejito que siempre llevo en la cartera noté que tampoco me había peinado. Los demás no parecían reparar en estas cosas, ¿no les importa?, ¿están medio dormidos por la hora? Entonces comprendí. Imposible que alguien de este mundo se ocupe de mi máscara, nadie habría de notar su existencia, y esto me atormentó más. Tan sola, siempre en el mismo lugar viendo las mismas cosas todas las horas de todos los días. Pobrecita mía.</p>
<p>Mientras caminaba por Talcahuano desde Corrientes hacia Rivadavia la ansiedad se apoderó de mí, no deseaba otra cosa que llegar. Quise ir más rápido pero no pude correr, o por la falta de costumbre o por los zapatos viejos, un dolor nuevo me invadió la pierna derecha, empezó en el pie y rápidamente llegó hasta la rodilla. A medida que daba algunos pasos se hacía tan intenso que me hubiera impedido llegar de no ser por mi tenacidad, paciencia y profundo deseo de verla.</p>
<p>Creí que el corazón se me saldría del cuerpo por la fuerza con que se aceleraba. Me detuve a dos metros de la vidriera casi en un pasmo cuando vi que la persiana estaba baja. ¿Qué hacer?, ¿llorar o patear contra el hierro?, tal vez lo mejor sería buscar un material cortante y pesado con el cual golpearla hasta que abrieran o violentarla si fuera necesario.</p>
<p>Increíble. Un desastre. En la puerta había un pequeño cartel donde anunciaban a su distinguida clientela un cierre de 72 horas por inventario. Resolví tomar un valium, ir al trabajo y enfrascarme en la correspondencia atrasada, distraerme, olvidar este desgraciado episodio sin volverme loca.</p>
<p>A media mañana mientras respondía una intimación por los caños de gas desaparecidos en la localidad de Ezpeleta, entendí. Era jueves, hasta el martes no levantarían las persianas. Sentí una fuerte puntada en la boca del estómago y al intentar levantarme no pude hacerlo, el dolor de la pierna derecha había vuelto ganando también la izquierda. Una compañera que venía con los jarros de mate cocido se apresuró a socorrerme, llamar al jefe de sección y pedir la ambulancia.</p>
<p>Es probable que haya perdido el conocimiento, no recuerdo nada del viaje hasta el Fernández y menos aun los detalles de la internación, sólo sé que al despertar me encontré en un cuarto de hospital. Sola como mi pobre máscara. Quise ponerme de pie para ir al almacén de la calle Talcahuano pero me dolían, además de las piernas, los dos brazos. Con gran esfuerzo, enorme, titánico diría, recuperé la ropa y me vestí.</p>
<p>Mis cosas parecían viejas y feas enfrentadas con los modernos modelos de la avenida Santa Fe. Casi sin pensarlo entré a un comercio donde dejé los últimos pesos por un vestido floreado de seda y unas sandalias bajitas de cuero blanco.</p>
<p><img class="alignright" src="http://2.bp.blogspot.com/_-PCaRinGe0Y/TQAvPZPwvEI/AAAAAAAABqQ/WykRLeXPAGg/s400/vestido+floreado.jpg" alt="" width="192" height="188" /></p>
<p>El dolor me desgarraba el pecho, así que subí a un taxi que me dejó en Talcahuano y Bartolomé Mitre. La vidriera estaba igual como si no hubiera pasado nada, en realidad nada había pasado todo estaba en el mismo sitio. Las máscaras parecían sorprendidas de verme quizá ya no esperaban mi vuelta pero la mía se puso felíz. Resplandecía. Creo que yo también. Estuve contemplándolas un largo rato mientras descifraba los mensajes mezclados, confundidos de todas hablando a la vez. La mía no pronunció palabra alguna, solo me miraba, exigiendo.</p>
<p>A mitad de cuadra había una obra en construcción, de allí elegí dos piedras grandes muy pesadas. Usando toda la fuerza de que fui capaz las tiré contra el vidrio. A pesar del escándalo que se formaba a mí alrededor, con extremo cuidado la saqué y corrí. Corrí sin descanso por Cangallo hasta llegar a casa. Nunca el pasillo me pareció tan largo y estrecho, temía encontrarme con algún vecino y que se diera cuenta. Ella permaneció callada. Claro, todo le resultará nuevo e imprevisto, me dije. Después, mucho tiempo después entendí que el silencio era por la satisfacción. No agradecimiento, satisfacción.</p>
<p>La primera vez que pude comparar nuestros rasgos fue en el ascensor, sin proponérmelo la había llevado apoyando su espalda en mi pecho. Reflejadas en el espejo éramos idénticas solamente nos diferenciaban mis anteojos y su expresión serena, parecía saber lo que habría de ocurrir segundo a segundo. Tampoco mostró asombro en el interior de la casa. Me dijo que prefería quedarse en la biblioteca así que allí la acomodé, en el sillón al lado de la ventana. Yo me dediqué a limpiar y poner orden, desde la mañana aquella no había vuelto.</p>
<p>En el baño me puse el batón verde heredado de la abuela  y colgué el vestido nuevo en el dormitorio para que no se arruinara con nada. Al volver espié el escritorio y allí estaba, como la dejé. Inicié mi tarea con grandes bríos, en unas escasas horas desde el living hasta el dormitorio hice relucir pisos, ventanas, muebles, todo, sólo faltaban la cocina y el lavadero. En ese preciso momento sentí nuevamente el dolor que empezaba otra vez por la pierna derecha. El final de la limpieza se me hizo más lento.</p>
<p>Acomodaba escobillones, cepillos y plumero en el lavadero cuando sentí fuertes puntadas en la espalda. Miles de agujas pequeñas me pincharan. Caí de rodillas sin poder hablar, arrastrándome llegué al escritorio pero ella no estaba o yo no la veía.</p>
<p>No sé qué pasó después. Tampoco reconozco el sitio donde me encuentro ahora al despertar. Si bien la oscuridad me confunde, lo más grave es el olor a naftalina que, concentrado en tan poco espacio, resulta anestesiante. Sin saber de horas, nada más distingo la noche del día cuando viene ella a buscar el hermoso vestido que compré para ir a rescatarla.</p>
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