Cuando amanezca

4 Febrero, 2012
By Cristina

I- Ella
Al verla trasponer la puerta me causó una impresión muy desagradable. Su boca fija, la mirada siempre baja y los ojos que no se movían. A pesar de ello evité armar escándalos. Claro, los problemas ahora son otros. Si nunca la hubiese conocido nada de esto habría pasado.
Ese día, el primero, me dijo que no confiara en nadie, ella sería una hermana. No comprendió (y creo que yo tampoco) la gravedad de las herejías. Vino sin invitaciones con cualquier excusa, la primera impresión de desagrado se convirtió en odio mortal. Estaba de tal modo presente que no podía dejar de pensar que se muera, que se muera.
Había intentado por múltiples formas evitar cualquier contacto. Busqué amuletos, sortilegios y copas consagradas repartiéndolos con esmero por cuanto rincón había. Atrás de la puerta, en la cocina, la pieza, el corpiño. Otra vez la cocina, no soportaba que tocara las cucharas ni los mates, las especies serían nuevamente mías. A cualquier precio. Invocaba hasta cansarme andate para siempre. Pero tampoco. Bruja maldita. Apelé a mi instinto y entonces así fue que pasó. O no. Antes, antes ocurrieron esas cosas, que se rompían los vidrios, estallaban los espejos. Después desaparecieron de a uno los zapatos izquierdos.
Supe que era Ella. Pude verla de verdad. Claro que no tuve sorpresas, debajo de la máscara no había nada. Nada mejor. Muy al contrario. Y si no hablaba era para que no salieran de su boca ninguna de las podredumbres que contenía, me horrorizaba sólo al recordarla con esos gusanos que circulaban libremente por sus dientes, caminando por la lengua como trampolín para volver al túnel y seguir adentro, a las entrañas donde nacían, recibiendo allí lo necesario para vivir y procrearse en una especie de orgía continua.
Y si no levantaba los párpados era para que no se trasluciera nada de esto ni quedaran descubiertas las cuencas vacías.
Además de desprecio tuve miedo, podría hacerme daño. O ser contagioso. Vi a mi casa transformarse, a los muebles cambiar de lugar y aspecto sin mi intervención. Busqué un camino y otro y mil más. Fue en vano. Había venido y no supe echarla. Cuando llegó la Otra para decirme hay que ir hasta las últimas consecuencias, comprendí que tenía razón.
Ya no eran posibles los retrocesos, sólo unir fuerzas y actuar. Ella tenía un hijo, su secuaz. No me dí cuenta al principio de atacar por ese flanco. Si pretendía un ultraje, el que fuese, mi obligación era la defensa. Tampoco supe de sus motivaciones. Ni las de Él ni las de Ella. Pero las mías sí. Por eso la inaudita saña. Afilé mis dientes. Preparé las uñas.
Es difícil precisar. Las visiones mutilantes de los cuerpos odiados me perturbaban. Así soy dije. Pero alguien me empujaba hacia abajo. Veía los fragmentos sanguinolentos volar pesadamente y multiplicarse antes de la caída definitiva. Esta historia se llenó de desgarros y destrucción. La Otra me acompañaba y pedía más. Más de todo, de crueldad y de furia. Ya era irreversible. Ella flaqueaba pero nunca pidió clemencia como es debido. Quiso hacerlo a su modo. Hasta el fin. Por eso la inaudita saña. Me sorprendió no encontrar nada de compasión. El deleite crecía al intuir el desenlace.
Entonces la Otra dijo que apurara las acciones, quería para sí los últimos estertores. Tuve lástima. La muerte que trajo era mortal. Me arrepentía. Mi temerosa mano no era capaz de ejecutar, lo comprendí tarde. Ella perdió. Se había equivocado y lo estaba pagando. La Otra ganaba.
Lo voluntad de Ella era no demostrar. Empezó a simular con variados artificios una grotesca no afectación.
La Otra, mi Socia, exigía el último acto. Quiso destacarse, me correspondía bajar el telón y aplaudir aunque el libreto fuese mío. Ya no pude dilatarlo. No la detuve. Cerré los ojos, incliné la cabeza. Dándole paso reverencié su marcha. Así. Por eso.

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II- Ella
A las pócimas habituales, mezclé otras de artificios conseguidos dificultosamente (circulando en revés se completa la fórmula, hasta cuatro vueltas apoyada sólo en el talón derecho con el brazo en alto. El escupitajo debe ser expelido sobre el hombro contrario. Es necesario danzar con saltos regulares hacia la derecha empezando con el pie izquierdo y cantar alto oh oh oh oh desde el tono agudo hasta convertirlo en gutural. Y así se produce el conjuro, en el justo centro del círculo aparecerá su ánima con algún sonido distante para decirnos qué le pasó, cómo fue el final).
Ella tuvo miedo según se dice, pero debe confesarlo. Y rápido antes de que sea demasiado tarde. Nosotras formaremos con rigor, manteniendo el ritmo y las manos unidas para no perjudicarla aún más. Pero, Ella no quiso aparecer. Fue difícil hacerle entender la importancia de su paso. Ella había devenido distinta y no lo aceptaba, aferradas al pasado y a trivialidades mundanas, muchas temen aceptar un destino más grande. Nosotras tuvimos una ardua tarea pero no ha dado sus frutos, Ella habló. Así fue que dijo de las humillaciones recibidas, la Otra la despreciaba íntegramente, no hubo nada que la dignificase, por eso ocultaba su sentir. Tuvo vergüenza dijo, pero en ningún momento deseó la venganza. Nosotras no podíamos entenderlo. Ella se mantuvo firme, quería que aceptásemos la diferencia.
Deliberamos días y noches hasta el siguiente conciliábulo general, algo debía ser resuelto. Pero convencidas. Ella fue convocada nuevamente para exponer y dijo de sus penas cuanto creía recordar. Padeció bajo el poder de la Otra y esto le daba derechos según su opinión. Nosotras no estábamos de acuerdo con que así fuese. Ella se había equivocado y todas pagamos las cuentas, los derechos en caso de existir, eran nuestros.
En estas deliberaciones se nos pasó buena parte del tiempo, sin embargo estábamos contentas, por primera vez pensábamos en el futuro. Su gradual transformación no la liberaba completamente pero creaba ayudas que nos permitían aceptarla con ciertos defectos irreversibles. Jamás llegaré a mirarla a los ojos, antiguas imágenes me asustan (Incluso fue vista en soledad contemplar con admiración sus heces).
Estuvimos en reuniones ordinarias y extraordinarias con las miembros a pleno, ninguna quiso faltar a la palabra. Ella fue cambiando para el bien de todas.
Inevitable, llegaba el final.
El ocaso golpea con fluidez las palmas al compás de nuestra canción predilecta. NO podemos alejarlo.
Habremos de comenzar nuevamente.

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III- Yo
La Otra viene y va. ¿Qué hacer?, puedo decirle que no aunque tenga ganas de que sí.
Se acerca y me quema. Alcanzo a protestar airadamente pero no se aleja. Es necesario resistir, me dice mientras las precisas manos actúan como resolviendo solas. Quisiera saber dónde adquirieron tanta experiencia pero es inoportuno preguntar.
Me envuelve con trapos usados demasiadas veces y no quiero: no sé cuántas ocuparon ese sitio antes que yo.
Intento pararme y la sorprendo con los ojos expectantes. ¡Qué mirada!, dice y no sé a qué se refiere con exactitud. Para comerte lento, callo. Nunca se enterará, podrá suponer pero nada más.
¡Qué mirada!, repite. Callo sin bajar los ojos.
Sigue cada paso de su papel, trae implementos, prepara mi cuerpo, cada acción se relaciona con algo que conoce. Yo no y estoy ahí recibiendo lo que sea. Es imposible el diálogo, cada una en lo suyo, me parece mentira: tan cerca sin saber qué pasa del otro lado. Sus manos encima, puedo tocarlas y de hecho lo hago. No se sorprende.
Está tan próxima y no existe comunicación posible. Creo que las palabras, si pudiera pronunciarlas, tampoco alcanzarían.
Dije, los narcisos me están cansando, aunque no era esto lo que esperaba que se entendiera. Entonces mi Socia, la Otra, demostró que no comprendía.
No pude saber con quién hablaba pero no me dolió tanto como el que no supiera, no fuera a saber nunca qué había dentro de lo que convencionalmente denominábamos mi cuerpo.
Dije, para qué semejante esfuerzo y alardeando de cinismo, demostró que tampoco le importaba.
Habiendo establecido que el entendimiento no era posible me retraje al dolor que por todas partes bombardeaba. Mientras gozaba del solipsismo (ya que no se puede remediar la soledad mejor disfrutarla), comprendí que mi parte era la mejor. Lo que hice fue recordar el momento, grabarlo a fuego para que nadie me quitara las pertenencias. Menuda tarea la tuya, me dije, resurgir de las cenizas triunfante. Hacia lo alto, hacia lo más. Nadie podrá conmigo si es que hablamos de lo mismo.
La victoria está asegurada si es que no hablamos de lo mismo.
Entonces me mira y aplaude casi felíz.
Que no la laceren mis dagas, que no la alcancen mis profecías.

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IV- La otra
Distraída con las novedades que le trae la fama no debe recordar nada de lo ocurrido. Esos episodios habrán sido archivados en algún lugar a visitar sólo en circunstancias similares, cuando necesite de lo que llama su vasta experiencia. Y la que fue mi Socia permanece olvidada de mí, en verdad no sé si me importa tanto como la dificultad que tengo para retener ciertas imágenes suyas.
Ahora los problemas son otros. La acción debe desarrollarse apresuradamente pero sin errores, no darle tiempo ni avisos, así se evitarán escapismos y dilaciones. Debemos arribar antes de las lluvias equinocciales (tal ha sido escrito). Quizá considere innecesario prepararse y por eso habremos de encontrarla sorprendida, algún rasgo se marcará en su mirada, alguna palabra será dicha superfluamente (así ocurre en estos casos). Llevaré su túnica habitual, la que quemaremos en el altar una vez encendido el fuego. Su victima del momento no podrá creer las vueltas del destino y seguramente recordará la rueda de los antiguos mientras corra por los pasillos para volver a su vida anterior. Dudará un momento sobre escapar o no pero seguirá corriendo. Claro que jamás podrá saber qué hubiera sido mejor.
Cuando la que fue mi Socia me mire habrá de recordarme. Con vaguedad primero, intentará acercarse para que la ayude, por eso mi puñal será el encargado de abrir toda senda. Las demás seguirán mis pasos con prontitud. Antes de que reaccione, las acciones habrán concluido. Sólo restará higienizar y hacer desaparecer cualquier indicio de su antigua existencia. Nada puede quedar como antes, ese fue el fundamento de su doctrina. Nosotras, sus alumnas, queremos que forme parte de la comunidad. Junto a la que fue mi Socia, Ella, la víctima primera, sin cuyas acciones nada de esto hubiera sido posible. Vendrá a mí y seremos un nuevo ser. Indestructible. Casi inmortal.

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Visión 29 (De Maximo Simpsom)

Las águilas volaron hacia el lecho del mar, / y los últimos perros ladraron extenuados. /// Las gaviotas huyeron, y cesaron los vientos. / Enmudeció el rocío, enloqueció la piedra. /// Los jaguares perdidos cayeron hacia el fondo, / y las últimas vacas mugieron largamente. ////

JOHN BERGER

No puedo decirte qué hace el arte y cómo lo hace, pero sé que a menudo el arte ha juzgado a los jueces, vengado a los inocentes y enseñado al futuro los sufrimientos del pasado para que nunca se olviden. Sé también que en ese caso, los poderosos le temen al arte, cualquiera sea su forma, y que esa forma de arte corre entre la gente como un rumor y una leyenda porque encuentra un sentido que las atrocidades no encuentran, un sentido que nos une, porque es finalmente inseparable de la justicia. El arte, cuando obra de ese modo, se vuelve un espacio de encuentro de lo invisible, lo irreductible, lo imperecedero, el valor y el honor. /// (Fragmento final de MINEROS, ensayo recogido en CADA VEZ QUE DECIMOS ADIOS. Traducción: Graciela Speranza. Ediciones de la Flor)