La literatura fantástica atraviesa el campo de la narrativa nacional. Entre sus exponentes, Borges, Silvina Ocampo, Bioy Casares y Cortazar se convirtieron en faros de este modelo tan característico y atractivo.
Con la imaginación al acecho
A Cortazar y Bioy les tocó participar del mismo momento histórico – ambos nacieron en 1914 – pero crecieron y se formaron en ámbitos diferentes. Sin embargo, en palabras de Bioy “realmente nos queríamos mucho con Cortazar. Hemos sido muy muy amigos, habiéndonos visto cinco o seis veces en la vida”.
Dueños de una capacidad narrativa notable, son dos de los grandes escritores argentinos del siglo XX. Junto a Borges, son las figuras destacadas del género fantástico. Los unió la concepción de la literatura como artificio y el gusto por crear universos verosímiles y cotidianos, donde no hay espacio para el realismo mimético y cuya tranquilidad es amenazada o interrumpida por sucesos insólitos, inexplicables e inesperados.
En sus relatos utilizan como punto de partida los misterios que plantean el hombre y su mundo y que no han tenido una explicación clara y certera; entre ellos, tiempo, espacio, sueños, dimensiones, muerte (La invención de Morel, Las babas del diablo).
Tratan alguno de esos temas pero sin intentar resolverlo, valiéndose de la ausencia de respuestas y de su imaginación, logran la incertidumbre. Parten de elementos cotidianos y reales, gradualmente o de forma abrupta, anulan la realidad y nos trasladan al ámbito de lo misterioso y lo inexplicable. La incertidumbre proviene de la vacilación entre una explicación natural o una sobrenatural (Dormir al sol, La noche boca arriba).
El lector puede preguntarse por la factibilidad de los sucesos, aunque el texto sea verosímil (tiene incluidos elementos extraños que producen perplejidad y suspenso, desazón, curiosidad, miedo). Son innumerables los medios que utilizan: invadir tiempo, espacio, personajes, situaciones (metamorfosis, anacronismos, detención del tiempo, ruptura de las leyes físicas, transmutación de mundos, etc., valgan como ejemplo Casa tomada, En memoria de Paulina).
Un tema predilecto es la interrelación entre sueño y realidad, sueño dentro del sueño, sueños comunes, entre otros. En todos los casos, en la vigilia aparece un rastro, elemento, objeto material que corresponde al sueño o al otro mundo. Con la suma de elementos reales y de elementos extraños e inexplicables, sus relatos hacen vacilar entre una explicación natural o una sobrenatural y deja al lector, (a veces también al narrador y los personajes) sumidos en la incertidumbre (La trama celeste, Continuidad de los parques).
Decir que los personajes y las historias que crearon son parte de nuestro imaginario y nos acompañan desde que llegaron a nuestra vida, no es exagerado. Tampoco es inoportuno decir que la lectura de ambos es imprescindible: garantizan un enorme placer y es la manera más sencilla que tenemos para honrarlos con el recuerdo que merecen.
En torno a la figura de Cortazar
Julio Cortázar nació en Bélgica accidentalmente. Según sus palabras “Fue un producto del turismo y la diplomacia (…). Me tocó nacer en los días de la ocupación de Bruselas por los alemanes, a comienzos de la Primera Guerra Mundial. Tenía casi cuatro años cuando mi familia pudo volver a la Argentina”.
Creció con dificultades económicas, en Banfield, al sur del Gran Buenos Aires, “En una casa con un gran jardín lleno de gatos, perros, tortugas y cotorras: el paraíso. Pero en ese paraíso yo era Adán, en el sentido de que no guardo un recuerdo feliz de mi infancia”. Se educó en Buenos Aires, recibiéndose de maestro normal y de Profesor Normal en Letras, trabajó en escuelas del interior del país.
En 1945 “Ya llevaba diez años escribiendo, pero no publicaba nada o casi nada”. En este sentido, contamos con un testimonio de Borges “Hacia 1947 (…) nos visitó un muchacho muy alto con un previsible manuscrito. (…). Me dijo que traía un cuento fantástico y solicitó mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del plazo, volvió. Le dije que tenía dos noticias: una, que el manuscrito estaba en imprenta; otra, que lo ilustraría mi hermana Norah, a quien le había gustado mucho. El cuento, ahora justamente famoso, era Casa tomada. Años después, en París, Cortázar me recordó ese episodio y me confió que era la primera vez que veía un texto suyo en letras de molde. Esa circunstancia me honra”.
En 1951, al recibir una beca del gobierno francés, se mudó a París, lugar que se convertiría en su residencia permanente. Falleció el 12 de febrero de 1984.
Publicaciones de ficción:
Cuentos y relatos: La otra orilla, 1945, Bestiario, 1951, Final del juego, 1956, Las armas secretas, 1959, Historias de cronopios y de famas, 1962, Todos los fuegos el fuego, 1966, La vuelta al día en ochenta mundos, 1967, El perseguidor y otros cuentos, 1967, Último round, 1969, La isla a mediodía y otros relatos, 197, Octaedro, 1974, Alguien que anda por ahí, 1977, Un tal Lucas, 1979, Territorios, 1979, Queremos tanto a Glenda, 1980, Deshoras, 1982, El perseguidor, 2009
Novelas: Los premios, 1960, Rayuela, 1963, 62 Modelo para armar, 1968, Libro de Manuel, 1973, El examen, 1986 (escrita en 1950), Divertimento, 1986 (escrita en 1949), Diario de Andrés Fava, 1995 (obra póstuma)
Teatro: Los reyes, 1949 (con el seudónimo de Julio Denis), Adiós Robinson y otras piezas breves, 1995 (obra póstuma)
Poesía: Presencia, 1938 (sonetos, con el seudónimo de Julio Denis), Pameos y meopas, 1971, Salvo el crepúsculo, 1984
En torno a la figura de Bioy
Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires, en el seno de una familia tradicional y acomodada. Sin preocupaciones económicas, pudo dedicarse al aprendizaje de idiomas y a la literatura. Realizó sus estudios secundarios en Buenos Aires. Inició y abandonó las carreras de Derecho y Letras, para luego retirarse a una estancia familiar a escribir y dedicarse a la lectura. Alentado por su familia, escribe y publica desde los once años.
Conoció a Borges en 1932 (quien se convertiría en el amigo entrañable y compañero de escritura) a través de Victoria Ocampo. En 1940 se casó con Silvina Ocampo.
Ese mismo año se editó La invención de Morel, en cuyo prólogo Borges manifestara “no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta”. Luego llegarían sus otras novelas, como Plan de Evasión, El sueño de los héroes, El lado de la sombra, Diario de la guerra del cerdo, Dormir al sol y los volúmenes de cuentos más conocidos. Murió el 8 de marzo de 1999.
Publicaciones, más allá de ensayos y memorias o la obra en colaboración:
Novelas: La invención de Morel (1940), Plan de evasión (1945), El sueño de los héroes (1954), Diario de la guerra del cerdo (1969), Dormir al sol (1973), La aventura de un fotógrafo en La Plata (1985)
Novelas cortas: El perjurio de la nieve (1945), Un campeón desparejo (1993), De un mundo a otro (1998)
Colecciones de relatos: La trama celeste (1948), Historia prodigiosa (1956), Guirnalda con amores (1959), El lado de la sombra (1962), El gran serafín (1967), El héroe de las mujeres (1978), Historias desaforadas (1986), Una muñeca rusa (1990). Una magia modesta (1997)
Publicado en DC Cariló, febrero 2012